¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

Mary Leisy Hernandez

Recordando al Don-

Brasilia, Brasil. Tenía poco más de 20 años cuando comencé a trabajar en el periódico que dirigía Radhamés Gómez Pepín. Aún eran muy verdes las hojas de pueblerina que había traído de Cotuí y me ponían muy roja los chistes rosados y colorados que hacía en la redacción el principal ejecutivo de ese vespertino, en el que trabajé por varios años como cronista social.

Cuando llegué al periódico El Nacional de él me sorprendía todo y no era para menos. Me preguntaba cómo una cara de aspecto tan sobrio podía hacer tanto reír, cómo podía un director hablar con íes tan cibaeñas y salir con ocurrencias como rascarse sin vergüenza los pies delante de todos y decir que para él rascarse donde le picaba era de un placer insustituible.

Lo recuerdo con su chacabana blanca y sus medias con sandalias caminando por la redacción. Me parecía todo un personaje y de hecho lo era y no solo por ser el director de un medio de comunicación de tanto prestigio. Lo era por su forma de ser. Sus creencias, sus principios y esas particularidades que lo hacían único e irrepetible. Si las puertas de su despacho estaban cerradas era porque no estaba en el periódico.

Nunca lo llamé por su nombre. Siempre le llamé “Don” y así luego comenzaron a llamarlo Cándida Ortega y gran parte del equipo de entonces de la Revista Qué Pasa! Cada tarde se sentaba en nuestro departamento y muchas veces se armaban especie de mini tertulias a la que se integraban visitantes y parte del equipo de trabajo.

Me preguntaba cómo podía una persona de tanta responsabilidad estar tan distendido. Luego me di cuenta que el truco estaba en madrugar. Cuando la mayoría comenzaba el día, ya el Don tenía gran parte de su jornada resuelta. Era un exitoso madrugador.

No todo fue color de rosa con el Don. Llevé muchos boches suyos, sobre todo cuando lo llamaba a hora pico. Pero casi todos sus boches fueron muy bien merecidos, como cuando le traje un CD de regalo de Nueva York que le pareció un insulto por ofender su gusto musical. Su franqueza era increíble, su solidaridad, su sentido de la justicia y su sensibilidad también. Descanse en paz querido e inolvidable Don.

El Nacional

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