Bruselas, Bélgica.- Este fin de semana nos disfrazamos como muñecos de nieve y partimos a disfrutar de los famosos mercadillos navideños de Europa.
Nos forramos con medias, guantes, gorros, bufandas de lana y varias capas de ropa que nos permiten salir al frío.
Ayer visitamos el mercado de Malín, una pequeña ciudad a 30 minutos de la capital belga, donde disfrutamos del famoso vino caliente aromatizado y degustamos platos de la gastronomía navideña europea, antes recorrimos al ritmo de la música navideña, los diferentes rincones del mercadillo, para curiosear entre la diversidad de coqueterías que se ofertan.
Aunque llueva, nieve o venteé, estos espacios abiertos en calles y plazas se mantienen llenos de gente que incluso viaja de otras ciudades y países, para disfrutar del festivo, colorido y luminoso ambiente de estos mercados.
En Europa central y Europa del Norte, estos espacios constituyen uno de los principales atractivos de la Navidad.
Entre los más famosos están los de Alemania, Bélgica, Austria y los de las regiones de Francia, Suiza e Italia que están próximas a Alemania.
La historia de los mercadillos navideños surgió en Alemania en el siglo XIV. Hoy, en algunos países, cada ciudad tiene su propio mercado y cada uno tiene sus encantos particulares.
Hace varias semanas estuvimos en el Mercado de Brujas, donde nos detuvimos a tomar un poco de calor en uno de los espacios que se habilitan con mesas y calefacciones especiales para los espacios al aire libre.
La calidez de estos ambientes hace que siempre estén llenos de gente que comparte entre familiares y amigos.
La semana pasada estuvimos en el mercadillo del centro de Bruselas, donde aprovechamos para comprar algunos regalos de navidad. Mientras caminábamos y disfrutábamos de este atractivo ambiente, nos sentimos felices de esta gran oportunidad de ver otra manera de celebrar la navidad.

