Bruselas, Bélgica.- Cuando llegué a La Capital de Europa tuve que aprender que no es suficiente que la basura vaya al zafacón, de golpe aprender que cada tipo de basura tiene un zafacón. En principio fue difícil, llegando de República Dominicana me resultaba muy pesado tener que hacer tantas clasificaciones, me confundía de envase y mezclaba todo, luego aprendí como los belgas que reciclar y cuidar el ambiente puede ser fácil si se tiene conciencia. Es mucho más que un deber, es un hábito, parte de un estilo de vida.
En procura de preservar el medio ambiente, la limpieza de la ciudad y el ahorro de energía, en Bélgica como en gran parte de los países europeos, han creado una cultura del reciclaje de basuras con códigos muy bien establecidos y con muy buenos resultados.
Cada familia, independientemente de su nivel económico o social, debe tener fundas azules para los envases plásticos, fundas amarillas para papeles y cartones y fundas blancas para los desperdicios de comida y otras basuras. Los vidrios deben llevarse a un zafacón especial ubicados en lugares estratégicos y dividirse los de colores de los transparente, mientras que una quinta clasificación es la de residuos tóxicos como la pintura y las baterías, que deben llevarse a otros espacios que denominan puntos verdes.
Son normas que solo funcionan si hay altos niveles de conciencia y si se crean mecanismos de control como los creados en Bruselas, donde las fundas son transparentes y con información sobre su uso. Si no son bien utilizadas son devueltas por los recogedores de basura, para que cada familia las clasifique de la manera adecuada.
Ojalá que pronto se comience algo así en Dominicana.
Ya en Colombia, Chile y otros países latinoamericanos se tienen resultados. Esperemos que los vertederos sean cada vez menos en Quisqueya la bella y en todo el mundo, que poco a poco podamos poner de manifiesto las 4 Rs de reducir, recuperar, reutilizar y reciclar y así tener un país y un mundo más limpio, más consciente y con mayor ahorro de energía. Es posible.

