Luis Inácio Lula
Brasilia. Brasil. En busca de samba, bossa nova y alegría carnavalesca, me he encontrado con momentos muy intensos en los casi cuatro años que habito en el enorme Brasil. Lo más reciente fue el apresamiento del ex presidente Luis Inácio Lula, a quien desde que llegué a este alegre país vi fotografiado en periódicos y revistas en las poses más desfavorables para su imagen.
Me di cuenta que con su figura se hacia manipulación periodística y lo mismo con la anterior presidenta Dilma Rouseffe.
Pena que no todo el mundo sabe de los sutiles recursos que usan los medios de comunicación para influir.
Ver el apresamiento de un líder y ex presidente a unos meses de una contienda electoral no se ve con mucha frecuencia en el mundo.
Tampoco la destitución de una presidenta electa por la mayoría de los ciudadanos de un país. Eso, muchas denuncias de corrupción y más me ha tocado ver en mi paso por este paraíso tropical.
Por suerte los brasileños nunca paran la fiesta y paralelo a todos los tortuosos procesos políticos, es posible danzar y cantar los diferentes ritmos que hacen de este país un lugar muy especial.
Yo que no soy brasileña, he tenido que cantar para no llorar ante tantos hechos que demuestran como los poderosos de Brasil consiguen magnificar o hacer que pasen desapercibidos grandes hechos para girar la torta a su favor.
Me sorprende la pasividad de la generalidad de los brasileños.
Muchos parecen estar embriagados con las batucadas, la caipirinha o la llenura de una sustanciosa feijoada. Por suerte no todos. Mucho se me han erizado los pelos al ver y escuchar manifestaciones de protesta en contra por ejemplo de quien hoy asume el poder gracias a un tortuoso proceso de impeachment.
Igual al escuchar esperanzadores discursos que muestran como a veces se engrandece a quien se intentan empequeñecer. Con razón se dice que la primavera siempre florecerá aunque se maten rosas.

