Vacaciones en las dunas
Maranhao. Brasil. Desde allí vi maravillosas puestas de sol, el cielo llenándose de estrellas y la claridad que provoca en la arena una noche de luna llena. Fueron varios días disfrutando de diferentes paisajes en las dunas. Unas veces llegamos de buggy, otras de 4×4, de embarcaciones acuáticas y las más emocionantes de las veces, a caballo y a pie.
Caminamos, corrimos, cabalgamos y nos refrescamos en las aguas de los numerosos lagunas que se forman en los periodos de lluvia. Fue mucho subir y bajar y la piel se nos oscureció. Cada día llegábamos rompiendo con la convencional manera en que llegan allí la generalidad de turistas.
Preferíamos las lagunas más solitarias, aquellas que no están incluídas en los paquetes turísticos pre establecidos por las agencias. Así logramos muchas veces tener solo para nosotros, aquellas inmensas montañas de arena y decenas de grandes y pequeños balnearios.
Me sobraron ganas de quedarme alguna noche a dormir en aquel paradisíaco lugar. Ver desde allí cada movimiento de las estrellas, pero eran tan intensos nuestros días que en las noches precisábamos dormir.
Las dunas forman parte del parque Lencois maranhenses, un lugar único en Brasil y el mundo, por el fenómeno que provocan las lluvias que crean esos temporales balnearios con aguas tan agradables como las que nunca antes sentí. Junio, julio y agosto son los mejores meses porque paran las lluvias y las lagunas siguen aún llenas.
Allí jugué como niña, bajando pronunciados precipicios de arena y viví la agradable sensación de caminar por horas mientras la suavidad de cada pisada hacia efecto terapeutico em mis pies. Aunque son centenares de lagunas, ninguna es igual a la otra. Varían de año en año, de mes en mes, según las lluvias y el desplazamiento de las dunas. Estar allí fue un gran privilegio. Fue reconocer que nada supera la belleza de la naturaleza.

