El rey de las minas
Potosí. Bolivia. Visitar una mina en plena actividad no es un turismo complaciente. Es un turismo objetivo y realista que nos permite comprobar que el trabajo de los mineros es uno de los más peligroso del mundo.
Eso lo confirmamos cuando entramos al Cerro Rico de Potosí en Bolivia, donde en tiempo de la colonia española se explotó la mina de plata más importante del mundo.
Aunque los españoles se llevaron las mejores riquezas, son muchos los bolivianos que siguen trabajando allí a través de asociaciones nacionales.
Unos explotan dinamita, otros cargan grandes carretillas llenas de materiales y así se les ve de prisa entre los turistas que van a conocer este lugar de tanta importancia en la historia colonial.
Vestidos como mineros entramos al cerro. Previo a entrar compramos hojas de coca, jugos y otros regalos que le fuimos dando a los trabajadores que encontrábamos en todo el trayecto, un trayecto tortuoso en el que a veces es preciso caminar a cuatro patas y pasar por estrechos espacios no aptos para claustrofóbicos.
Estar en la profundidad de la mina sin más luz que la de los focos de nuestros gorros protectores y pasando por áreas con fuertes olores, es conocer la cruda realidad de los mineros.
Estar allí fue duro y mágico a la vez, sobre todo cuando llegamos donde el Tío, el rey de las minas.
Para ellos el Tío es el protector que los libra de accidentes y al mismo tiempo les bendice para prosperar en la búsqueda de los materiales que le darán el sustento.
Junto a este personaje pasamos un buen rato mientras el guía nos contaba historias sobre el sincretismo popular. Nos habló sobre las ofrendas y fiestas y yo puse a volar mi imaginación pensando en la algarabía de los mineros en esas celebraciones en lo más profundo y oscuro de las minas bolivianas.?

