¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

Bruselas, Bélgica.- Encontré una mina en la Capital de Bélgica.

Los tesoros eran plátanos, yuca, yautía, ñame, batata y todos los víveres que normalmente se comen en Dominicana.

Los encontré sin andarlos buscando en un supermercado chino del centro de Bruselas. Vaya sorpresa.

Sin mirar precios compré de todo un poco, compré incluso de los que no me gustan tanto. Así somos cuando estamos lejos.

Duramos una semana cenando a la dominicana. Lo primero fue un mangú, solo que el salami no era Induveca.

Fue un salami alemán que intenté preparar de esa particular manera que lo preparamos los dominicanos.

El día siguiente preparé tostones, luego guineítos verdes y así diferentes delicias que acostumbraba a comer en mi país. Precisamente en esos días estaba antojada de delicias dominicanas y tenía previsto ir al barrio africano, donde fácilmente se pueden encontrar productos de frecuente consumo para el dominicano, pero nunca se me ocurrió que podría encontrarlos en un área de comida asiática y menos que encontrara tanta variedad.

 No me imagino a un chino comiendo mangú.

Hacer un sancocho dominicano en Europa no es tan fácil.  Es cierto que en Paris, en Bruselas y muchas otras ciudades se encuentran mercados africanos y uno que otro mercadillo con productos exóticos, lo malo es que siempre aparece un pelo en el sancocho. No siempre se logra encontrar todos los productos ni de la misma variedad.

Son demasiados ingredientes y algunos son claves para darle el sabor particular.

En Alemania disfrutamos de un rico sancocho hecho por una hermana

dominicana y lo apreciamos como se aprecia un trofeo de caza, a pesar de que los plátanos encontrados estaban medio maduros, la auyama era de una especie rara y los ajies eran morrones.

De todos modos, cuanto disfrutamos ese plato dominicano en Europa. Fue como estar en casa luego de una larga ausencia.

El Nacional

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