Sevilla, España.- De niña, cuando pensaba en España pensaba en Sevilla, en flamenco, en guitarra. A mi mente llegaban imágenes de elegantes toreros, de vestidos de colores con mil faldas, de mantas y abanicos.
Este fin de semana hice realidad mi sueño de infancia de conocer esa ciudad del sur de España, en la que muy bien se destacan elementos característicos de la madre patria que siempre vivieron en mi mente.
Con temperaturas de 40 grados, disfrutamos de un fin de semana de flamencos, de tapas, de recuerdos. Refrescándonos con abanicos, recorrimos sus calles, plazas, tiendas típicas y parques y entramos a algunos de sus tantos monumentos en los que se percibe aun presente la gran mezcla de culturas de esta capital de la región Andaluza.
Nuestro recorrido comenzó con un paseo en barco por el río Guadalquivir que partió desde la Torre de Oro. Desde la embarcación apreciamos la arquitectura sevillana y las huellas de la histórica presencia árabe en su territorio.
En el Parque María Luisa nos detuvimos en la majestuosa Plaza España y entramos al Museo de Costumbres Populares donde apreciamos su tradición de azulejos, encajes y bordados y con cada imagen nos trasladamos lejos.
En su inmenso casco antiguo, admiramos la tradición católica de esta ciudad de Andalucía, en la que cada año se celebra la más esplendorosas Semana Santa del mundo.
En la noche del domingo nos fuimos a disfrutar de los arpegios, las palmadas y los taconeos de los artistas de Sevilla, en un espectáculo en el Museo Interactivo del Baile Flamenco. Al final nos quedamos por más. Un fin de semana no es bastante para descubrir todo lo que se puede disfrutar en Sevilla.

