Bruselas, Bélgica.- Fue una tarde de grandes recuerdos y sorpresas en la capital administrativa de Europa. El primer intérprete fue pablo Milanés y con él sentí volver de brazos a la Universidad Autónoma de Santo Domingo y a los tiempos en los que canciones con mensajes como la suyas, sonaban con entusiasmo en los alrededores del Alma Mater de la más vieja universidad del nuevo mundo.
De Silvio escuché las más viejas y con él me trasladé a mi natal pueblo y a los tiempos de los movimientos culturales, de los grupos estudiantiles y los jóvenes revolucionarios de la iglesia. Cada canción me llevaba más lejos. Los temas de un grupo que ya ni recordaba me trasladaron a la niñez: No basta rezar, Las casas de cartón, Perdóneme tío Juan y Que vivan los estudiantes me pusieron a cantar y me provocaron mil sensaciones. Mientras más lejos se está más se sienten los recuerdos.
Cuando le tocó el turno a Alberto Cortés quise volar igual que las gaviotas. Canté alto A partir de mañana y otras de sus canciones de contenido. Subí el volumen y me olvidé que estaba en Bruselas y no en Cotuí. Hasta que una mirada de un francesito me hizo pensar que debía bajar la radio y volver a la realidad.
Los temas de Serrat los repetí varias veces y se me hizo difícil controlar el volumen de mi voz al repetir con él que Hoy puede ser un gran día y mañana también. Cada artista y cada canción me trasladaban a un lugar distinto, algunos a momentos precisos que tengo bien claros en mi mente y a amigos con quienes escuché mil veces cada una de esas canciones.
En fin fue una tarde maravillosa. Estaba Víctor Manuel, Patxi Andión, Sara González y muchos otros artistas, pero también inolvidables amigos y maravillosos momentos vividos, gracias al hallazgo en una caja vieja, de un tesoro que ya no recordaba que poseía. Un disco compacto con una selección de canciones mensajes para volver a vivir aunque sea en los recuerdos otros tiempos que difícilmente volverán.

