Mary Leisy Hernandez
Marilei@hotmail.com
Regresando de la montaña
Bruselas, Bélgica. Fue un largo trayecto de regreso con Serrat, Sabina, Silvio, Mi querido Pablo y otros grandes artístas que con sus mensajes y sus canciones hicieron corto el largo camino de más de 8 horas desde el Sur de Francia hasta la capital de Bélgica.
Al comenzar a descender las montañas de Vercors, Serrat cantaba y yo canté con el: “…Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”. La canción retrata nuestra realidad. Se acabaron las navidades, comenzó el año nuevo y es preciso que volvamos a la cotidianidad como bien lo dice el poeta: “Vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a sus riquezas y el señor cura a sus misas”. Por suerte en República Dominicana la fiesta se alarga por la festividad del Día de Reyes, en nuestro caso, terminan nuestras vacaciones en los Prealpes franceses y ya no será pleno el silencio, la quietud y el contacto directo con la naturaleza.
A Serrat le siguió Sabina en el trayecto de cientos de kilómetros y mientras veíamos a lo lejos el paisaje de la ciudad de Lyon, este artista español nos recordaba con su particular voz que existen más de cien palabras y más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas y así seguimos dando ruedas entre mensajes y mensajes y entre paisajes y paisajes, hasta que del sur pasamos al Este de Francia donde nos detuvimos en la ciudad de Nancy para disfrutar de sus grandes riquezas en Art Deco, dar una vuelta por su zona histórica, su centro con su dorada Plaza Real y comernos una típica Quiche de Lorrainne.
Al continuar el viaje seguimos con la enérgica voz de Mercedes Sosa, con Pablo Milanés y otros grandes artistas que participan en la producción “MI querido pablo” y mientras escuchábamos canciones de amor y de otros buenos contenidos pasamos de un país a otro. Llegamos a la frontera con Luxemburgo y recorrimos un pequeño trozo de este pequeño país mientras Milanes cantaba a su hermano el comandante, a su patria, a su gente y a la mujer de delgadez extrema que envejeció con el. Pasamos otra frontera y ya estábamos en Bélgica, luego en Bruselas y al llegar a casa seguimos cantando los versos de estos grandes poetas. Fue una maravillosa manera de hacer el viaje menos agotador.
