El presidente de Chile, Sebastián Piñera, no está exento de renunciar al poder a causa de las candentes protestas sociales que además de dejar varios muertos y heridos han hundido la economía de una de las naciones más estables y con menos desigualdad en el continente. Pero a nadie se le ha ocurrido barajar la hipótesis de que la subversión es resultado de un plan orquestado por China, Rusia o Venezuela, y mucho menos de Estados Unidos para adueñarse de los ricos yacimientos de minerales del país.
Todos dan como bueno y válido que la agitación tiene que ver con las condiciones económicas y sociales, específicamente en lo concerniente a la distribución de las riquezas.
No es lo que ha ocurrido en Bolivia, donde el presidente Evo Morales fue obligado a renunciar, no por su delito, como ha expuesto, de ser indígena y líder cocalero, sino por el fraude electoral que patrocinó para mantenerse en el poder por los siglos de los siglos.
Esa es la realidad, sin negarle logros como estabilidad, recuperación de los recursos naturales y la inclusión social alcanzadas en sus tres períodos. Puede afirmarse que marcó un antes y un después en la historia de una nación que ostenta el récord de golpes de Estado en el mundo.
Antes que los mandos militares le sugirieran dejar el poder la población llevaba tres semanas en las calles en demanda de la anulación de unas votaciones plagadas de irregularidades, como reconoció al convocar nuevos comicios y designar un nuevo Tribunal Electoral.
La secuencia de los acontecimientos resume que Evo quedó atrapado. Al tanto del informe de la comisión que auditó el proceso, encabezada por técnicos de la Organización de Estados Americanos (OEA), trató de buscar un golpe de efecto.
Pero al verse retratado en el fraude no tuvo más remedio que renunciar y denunciar que al cabo de casi 14 años en el poder, modificando la Constitución para reelegirse, había sido víctima de una trama golpista. No dice que en procura de un cuarto mandato propició un plebiscito, que perdió. Sin darse por vencido, consiguió que el mismo tribunal que organizó las elecciones del 20 de octubre lo habilitara para repostularse.
Si Evo tuvo que dejar el poder fue porque el fraude era demasiado burdo. Tras anunciarse segunda vuelta después de contarse el 84% de los votos se produce una interrupción de más de 16 horas en el proceso. Los partidos que quedaron en tercero y cuarto lugar anunciaron de inmediato que apoyarían al rival de Evo, lo que proyectaba un balotaje reñido.
Al reanudarse el conteo quedó descartado el balotaje porque Evo consiguió los votos que le faltaban para ganar en primera vuelta. Si en Bolivia hubo un golpe, fue a la institucionalidad.

