Se gestaba hace unos meses una condena de la Comisión de Ética de la Internacional Socialista (en Grecia), contra el PRD, por violar el derecho a la vida de las mujeres dominicanas vía su apoyo al entonces llamado Artículo 30 que prohibe el aborto terapéutico en mujeres que pueden morir por complicaciones de embarazo.
Cuando solicitaron mi opinión, aclaré que Hipólito Mejía había sido el único candidato que no había apoyado esa barbaridad y, de condenar al PRD, había que hacer esa salvedad para no perjudicar al hoy candidato.
Lamentablemente, no podemos decir lo mismo de los promotores de ese Artículo, quienes asumen a la mujer como máquina reproductora sin derecho a decidir sobre su cuerpo.
Con ellos me encontré en el Congreso, durante los debates, y sólo les pregunté: Díganme la verdad, si a su hija la violara un loco, un asaltante, o un maniático sexual, y saliera embarazada, ¿ustedes la obligarían a parir? La rápida intervencion de mi compañero impidió el franco debate.
Ahora algunos también quieren arribar a la presidencia y lo que preocupa es que se repita aquí lo que ha sucedido en otros ámbitos históricos en iguales circunstancias, por lo que recomendamos leer el libro Miedo a la Libertad, de Eric Fromm.
Ese libro describe cómo el temor a lo incierto en los sectores medios condujo al surgimiento de un conservadurismo de ultraderecha en Alemania, antinegro, antihomosexual, antigitano, antijudío, antiemigrante, antifeminista; a la supresión de los derechos laborales y a la creación de una monstruosa máquina propagandista que propició el surgimiento de Hitler, cuyo ministro de información, Goebbels, afirmaba: Cada vez que escucho la palabra cultura, saco el revólver.
Ahora que cosechamos los frutos de una provocación que los llamados nacionalistas unilaterales (porque no les preocupa la presencia del inglés hasta en los ventorrillos, o el impacto cultural masivo de nuestros emigrantes en USA hasta en el último paraje campesino, solo la presencia haitiana) auspiciaron, la cual fue televisada y difundida en Haití; este sector vuelve a la carga, tratando de arruinar los esfuerzos que tanto los sectores más preclaros del Estado dominicano, como los artistas, estamos haciendo, para poner en práctica las enseñanzas de don Juan sobre Haití.
Este pescar en mar revuelto tiene sus peligros, porque precisa del desorden y la exaltación para proyectarse como opción de poder, una preocupación más que se añade a la que pasó prácticamente desapercibida para la generalidad de la población: la inclusión de sectores militares antagónicos en el panorama electoral. ¿Serán los escombros que veo provocados por un enfrentamiento, o por la naturaleza?

