Esperanza al final y desaliento al comenzar el año



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El final de un año y el inicio de otro traen consigo esperanza o desaliento partiendo de la realidad que vive cada familia y cada persona, condicionadas por la situación que enfrentan en el diario trajinar.

Lo cierto es que debido a las celebraciones de fin de año el pueblo pasa por alto que a la vuelta de esquina está el mes de enero que se torna difícil para muchos, porque todo el dinero recursos que consiguen en el mes de diciembre (mucho o poco) lo desparpajan en celebraciones y compras.

La experiencia aconseja que lo que se consigue debe ser administrado cuidadosamente para más adelante no enfrentar situaciones difíciles.

Unos consiguen poco otros mucho, pero en ambos caso los ciudadanos gastan todo lo que consiguen, lo que augura una situación difícil para aquel que lo gaste todo.

Esa es una realidad, pero sería un pecado obviar que el día a día de las personas se desarrolla en medio de precariedades y cuando consiguen recursos adicionales, en muchos de los casos se ven en la obligación de utilizarlos para pagar deudas o resolver algunas necesidades.

De todas maneras, con saldo positivo o negativo, el año 2018 está por finalizar y las dificultades económicas o de otra índole deben quedar atrás, pero debemos tomar medidas para que las malas experiencias no se repitan.

Por un lado, los ciudadanos tenemos que poner de nuestra parte para que con lo poco o mucho que consigamos podamos llevar una vida lo más agradable posible.

País habitable

Para que hagamos un país más habitable, donde no tengamos motoristas rebasando por la derecha, cruzando los semáforos en rojo, montando tres y cuatro personas en una motocicleta y otras diabluras.

Donde no tengamos los destartalados carros y guaguas de pasajeros, cuyos conductos nos tiran sus unidades encima a los que nos movemos en esta selva de Dios. También necesitamos que los ciudadanos de a pie sepan que cruzar una calle tiene su momento y que si no lo respetan estarían violando las reglas al igual que los motociclistas, los vehículos del transporte y muchos de los conductores de carros privados y yipetas. Podríamos mencionar muchísimos problemas más que sin duda alguna evidencian el atraso en que vivimos los dominicanos.

Responsabilidades

Estamos más que claros que la ciudadanía tiene una gran responsabilidad en la locura generalizada en que se desenvuelve nuestro país, pero tampoco podemos obviar la que tienen las autoridades para resolver el caos en que nos desenvolvemos cada día en esta media isla de 48,442 kilómetros cuadrados.

Y por ahí sí que hay mucha tela por donde cortar. Estamos cansados de que los agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) no hagan su trabajo o que simplemente no se hagan de la vista gorda cuando los conductores violen las leyes de tránsito.

Para no abundar en el tema del tránsito sencillamente por qué no se eficientiza el servicio de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA), el Metro de Santo Domingo y sacan definitivamente las chatarras de las calles.

Reconocemos que en Educación se han construido escuelas y los maestros tienen mejores sueldos, pero por qué no se ejecuta un programa de supervisión escolar que dé al traste con mejorar real y efectivamente la calidad de la educación.

También se mejora la infraestructura de los hospitales públicos pero no así los servicios.

Para no politizar este trabajo reconozco que hemos tenido gobernantes que han logrado avances en el desarrollo de algunas áreas de la administración pública, pero todavía falta mucho.
Y la dichosa corrupción que sin duda tiene cansada a la población cuándo será realmente enfrentada.

Ojalá en el 2019 las autoridades apliquen las leyes (sólo eso) para que vivamos en una sociedad digna en la que se realicen profundos cambios que nos beneficien a todos.