Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos. – Jorge Luis Borges
Haití, Ecuador, Bolivia, Chile, Honduras, Argentina, Venezuela, Perú, Colombia, El Salvador y República Dominicana. Todos identificados por la palabra étnica-geográfica como latinoamericanos, llamados así por sus lenguas derivadas del latín. Además del común denominador del habla están unidos por los hechos recientes de protestas político-sociales.
Las conflictos se derivan de las protestas y estas de las inconformidades con su raíz en que el individuo no se siente satisfecho con una respuesta dada a cierta situación.
El individuo posee libertad de agrupación para atraer multitudes con ideas, palabras y actividades. ¿Pero que sucede cuando sus ideales son nublados por ira, popularidad y oportunistas?
Navega con su pancarta de bote en el océano de ruidos de cambios, de los cuales no sabe cuál escuchar o a cual llamar, porque para exigir hay que ser claro. Si le pides una cerveza al bar, este te dará cualquier cerveza que le plazca porque no le pediste una en específico. Entonces, ¿de quien es la culpa que no te guste la cerveza que te sirvieron?.
Así mismo pasa con el Estado y las protestas. El primero le otorga al pueblo lo que quiera porque el pueblo no sabe qué quiere y el segundo le pide al Estado lo que no es capaz de darle, como sucede en República Dominicana.
El maestro Jorge Luis Borges, en su “Utopia de un hombre cansado” presenta el final de los gobiernos:
“¿Que sucedió con los Gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron cómicos o buenos curanderos”.
La realidad sin duda habrá sido mas completa que este resumen.

