Opinión

Esto pienso

Esto pienso

“Las virtudes han de ser conquistadas con el esfuerzo y la dedicación de la persona que quiere adquirirlas. (…)

Si el atleta ejercita su cuerpo para que sea mejor, la persona que quiera formar las virtudes tendrá que ejercitar su inteligencia y su voluntad”.

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Duda indigna la de un hombre que se catalogue como serio, y que al menor parpadeo llegue a flaquear y dejarse llevar por actitudes y comportamientos considerados como modernos, sin tener presente aquellas costumbres tan arraigadas de nuestros ancestros, procurando con ello ocultar la grandeza y la fuerza moral de sus enseñanzas.

Saliéndole al paso a esta actitud pienso que lo primero a tomar en consideración para solucionar un problema lo esencial es ir a la raíz y tratar la causa antes que concentrarse en los síntomas. De ahí la importancia de conocer la historia y la formación de los individuos para comprender su comportamiento en determinado tiempo y circunstancia.

Frente a esa forma de actuar lo importante es la sinceridad en el comportamiento, no el engaño. Pretender vivir en lo moral como barco a la deriva es simplemente un absurdo. Ni santo ni monje y tampoco pretender serlo; simple y llanamente vivir obrando con sentido común, de tal forma que las virtudes imperen por encima de la codicia, liviandad, indelicadezas y la temeridad para incursionar en aquellas cosas que desde el hogar se inculcan como inmorales y denigrantes.

En esta encrucijada lo aconsejable es elegir lo noble anteponiéndolo a todo, aunque no esté de moda. No convertirse en un ser intolerable, como es común que les suceda a todos aquellos mediocres y necios tocados por la dicha o la fortuna que pierden aquellas costumbres buenas heredadas de padres y hermanos, aquellas costumbres que les dieron a conocer como personas agradables, leales y afables y que por cuestiones de un poder transitorio y una prosperidad cuestionable se alejan de las antiguas amistades, refugiándose en la adulonería que les proporcionan los nuevos allegados.

Quizás sea esta última la razón primaria por la cual no me gusta quejarme de la vida, y es también por eso que el tiempo pasado es grato, aunque sólo sea eso, y, si yerro buscando aquellas cosas semejantes a las cosas idas, de gratos recuerdos, no es más que una salida ante la impotencia que nos envuelve para cerrarle el paso a las actuaciones que no debían de ser toleradas, porque les cierran las oportunidades a los buenos hábitos que debían de estar en el Altar Mayor.

El amigo verdadero representa la imagen fiel del propio yo, decía con bastante propiedad Aristóteles, y que por ello aunque esté ausente se halla aún presente. Incluso, con relación a este tema llega a decir Cicerón que aunque muerto, continúa vivo aún. Y esto es así porque el amigo vivo conserva la belleza y las virtudes de “su otro yo”, teniendo que recordar aquello de que la amistad sólo existe entre los hombres buenos, porque todo lo demás es mafia y asociación para delinquir.

La amistad sincera es como el estudio de la filosofía, que sólo conduce a la felicidad, al conocimiento y la virtud. Pero, qué pena da vivir en una supuesta o real modernidad observando cómo los más elementales principios morales que antes eran exigidos para poder hacer uso de los medios de comunicación hoy son desechados y ciertas almas “ honradas” que antes eran llamadas prostitutas o mujeres de la vida alegre, en la actualidad utilizan los conductos mediáticos para tratar de asesinar honras de personas que han luchado en contra de la peor pandemia que asola a la humanidad, la cual es conocida como narcotráfico y de la cual estos desmemoriados espíritus –que otrora fueron honrados de su mala vida-, son simplemente asalariadas del narco para tratar de deshonrar.

Pero qué va gallo qué va. Pueden continuar con su campaña y junto a los malos amigos todos se destruirán ante la pared moral a la que se están enfrentando –qué ya- y ante tal descaro nos cuestionamos: ¿Será acaso que… hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez y que ese silencio ha sido mal interpretado?. Bueno, de así ser, han cometido su peor error.

Pero, siempre el pero, para una persona ser plenamente feliz necesitaría la autarquía divina, como decían aquellos que en verdad conocieron y escribieron sobre lo se debe considerar las buenas maneras de vivir la vida, que un hombre feliz sería como un Dios autosuficiente y esto es simplemente un absurdo porque el hombre es lo que es, ni Dios ni Diablo, y por eso tenemos que vivir en la lucha, unos como asalariados -asalariados del narcotráfico- y otros, como lo que somos, intransigentes e insobornables y dispuestos a defender nuestra honra y la de todos aquellos que están bajo la mira de los narcos, los leguleyos, los ¿analistas?, los inmorales y las “honradas” que intentan echar lodo sobre nuestra honra.

Si no cedimos antes… ¿qué les ha hecho pensar que lo haremos ahora?. Tremendo error de apreciación, porque si hemos mantenido y mantenemos silencio conocen que no es por temor; por el contrario, es algo que ustedes desconocen que se llama lealtad, amistad. Claro que ustedes desconocen eso en sus fines trascendentes, por lo que les resulta inconcebible transitar por esta senda poblada de espinas que, sin embargo, desemboca en un jardín lleno de un perfume muy peculiar sólo reservado a unos cuantos de cada millón.

“Sólo la gloria resiste a la corrosión del tiempo”, decían los romanos. Pienso que, ciertamente, para obtener ese estado a modo de glorificación tan importante existe otra forma que no es aquella que en muchas ocasiones busca el hombre político. Esta se basa en los honores y la gloria, mientras que la que propugno está basamentada en algo mucho más importante que esto: radica en el mayor de los bienes, teniendo como elementos constitutivos la amistad y el buen vivir.

En el buen vivir y la amistad radica el fundamento de la existencia de la sociedad. Sin esos vínculos de benevolencia sería imposible que existiera hasta la familia, pero eso es desconocido por las lacras que pululan y cohabitan al mismo tiempo en medio de la gente y que hoy se cobijan bajo el manto maloliente del narcotráfico, para por medio de su boca de rata cloacal expeler el más ácido de los venenos en contra de todos aquellos que no han claudicado ni van a claudicar frente a los intereses espurios que defienden estas “honradas individualidades” y los adláteres del narcotráfico. Así estamos, ustedes en el fango y nosotros en la tierra firme donde habita la más pura moral y los buenos principios. Así pienso, así lo creo. ¡Sí señor!.-

El Nacional

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