Perdidos en la negación de principios, en el vacío de nación en que vivimos
Porque: Los pensamientos (aún), están libres de impuestos.
Vivimos al igual que otros, perdidos en la nada, inducidos a negarlo todo, aunque tengamos ciertos visos de verdad, porque a la encrucijada de incredulidad, es que nos han llevado con tantas mentiras, falsedades y endiabladas poses de salvadores. Vivimos algo así, como el vacío Aristotélico y su negación de vacío, aunque innegable y real en su movimiento natural, donde los cuatro elementos, que según él componían el universo, esto es: el agua, el aire, el fuego y la tierra, tornaba cada cual a retornar a su esencia, a su lugar natural.
Por igual sucede con las posiciones y comportamientos serenos, tranquilos y conciliadores por demás, de las personas con principios y formación cívica, moral, respetuosas de las leyes y autoridades, cuando son sometidos a lo que el mismo filosofo nombró como movimiento violento, por medio de acciones abusivas, prepotentes y altaneras, que una vez cesa la causa o motor que los indujo a ir contra su propia naturaleza pasiva, creencia o principios, tiende a volver a su estado primario.
Ese comportamiento descompuesto, corrupto y perverso, producto del uso incorrecto del poder, concedido para hacer lo correcto en bien de la mayoría, procurando que las diferentes clases sociales dispongan de lo indispensable no para sobrevivir sino, en verdad poder vivir, sin pretender hacer de la clase media una clase inferior o viceversa, eso precisamente, es lo que mueve a la violencia, a la protesta.
La exigencia para el cese de este tipo abusivo y perverso de hacer política, llena de privilegios que irritan, es lo que conlleva a movimientos como los sucedidos recientemente en España. Llevados a cabo por personas pacíficas, que por esos hechos bochornosos, abusadores, exprimidores, discriminatorios, prepotentes e indolentes ejecutados por autoridades, constituyen el motor que altera la pasividad del hombre paciente, convirtiéndose estos hechos en lo que ya enunciamos como el movimiento violento, que altera la naturaleza pacífica, en estos casos, de los hombres, cuya rebeldía se mantiene hasta tanto perdure la causa inmoral que gesto el movimiento hacia la protesta y la acción.
Que nadie se llame a engaños con argumentaciones pendejas, tratando de ocultar lo que todo el mundo ve, siente y padece. Aunque por mi parte, confieso sin empache ni rubor alguno, que no sé, no tengo ni deseo, por los resultados que veo, ni poseo la capacidad para conceptualizar sobre los problemas económicos que nos ahogan.
Pero sé y conozco como cualquier mortal, por demás, iletrado como yo, al igual que una cantidad increíble de personas que viven en este solar, y es, que quien gasta más de lo que gana o produce, se mete en problemas, lo ahogan las deudas y que además, por igual, le pasa a todo aquel que quiere vivir por encima de sus posibilidades o darse lujos de rey, a menos que lo haga con recursos que no son de él y eso significa dolo.
Porque, sin más ni más, ese dinero, pendeja y abusivamente gastado, pertenece a otros y si hablamos de políticos específicamente, que dan, regalan y malgastan dinero a troche y moche, obligatoriamente ese dinero pertenece al pueblo.
En ocasiones como esta, la historia me hace recordar las grandes devastaciones de Ozorio. O como hacen los campesinos, que en busca de mejor cosecha, le pegan fuego por los cuatro costados a sus predios, con el fin de eliminar las malas yerbas, los despojos y cuantos bichos puedan entorpecer el éxito de la próxima cosecha.
Y digo que me viene a la mente, porque desde nuestros inicios como nación, para salvar las próximas generaciones, las conquistas alcanzadas y poder eliminar el grupo de bastardos siempre presente, aquellos que se han apartado de su naturaleza, cualquerizados y malaleche, para lograr esto, siempre, siempre se ha tenido que armar el inevitable, doloroso y eternamente latente sal pa´fuera. ¡Sí señor!

