No es que todo esté mal ni bien, lo que hay son pocos modelos, valores y líderes
Porque El papel natural del hombre de este siglo, es la angustia.
Hoy no sé ni cómo explicar las tantas cosas que revolotean dentro de esta cabeza vacía. Precisamente ahora, que cualquier cosa tuya huele a patria, sí, Compadre Mon, ahora que al igual que usted algo yo tengo en el cinto/ que estoy como está la isla/ rodeada de peligro. Parece que Manuel del Cabral, con la voz de Mon, nos quisiera hablar con su aire de patria Cibao adentro.
Todo es guto y guto, fieta y fieta, embriaguez extrema de poder y fiesta abierta para la rumba. Así nos estamos comportando, con irresponsabilidad extrema y sin que aparezca en ninguna ley o en el pedazo de papel que enarbolan a la hora de justificar sus desvaríos, la autoridad para darse el derecho a disponer a diestra y siniestra del dinero del pueblo, en francachelas o supuestas acciones de bonhomía, solo con el propósito de comprar conciencias al por mayor sin importar los detalles.
Gastos y gastos en este paraíso virtual de nación, mientras en realidad, para sostener la utopía de país, se vive de préstamos en préstamos mientras se castiga inmisericordemente a todo aquel que pretende vivir de la producción, ya sea intelectual, agrícola o industrial, porque los especialistas en crear impuestos a trocha y moche, de manera continua e indolente, para buscar el dinero de pagar la borrachera de egos, los acosan como perros de presa.
Estamos, en los gastos, como el famoso perro huevero, que aunque le quemen el hocico vuelve a lo mismo. Es idéntico a llevar una vida licenciosa y en medio de la borrachera decir, ya, no más, y al día siguiente olvidarse de lo acontecido cuando se ha pasado la resaca, y volver a lo mismo. Como el país en verdad es rico, aunque pobremente administrado, inmediatamente entran recursos, se olvidan las reglas propuestas para economizar y de inmediato volvemos a lo mismo fiesta y mañana gallo.
Con esto, no queremos decir que todo es malo, como no todo es bueno. Precisamente de eso se compone la vida; cosas buenas y cosas malas. Muy a pesar de que la gran mayoría de nuestros políticos parecen hechuras de películas, por cierto, de muy mal gusto, que se han tomado este país como si fuese una finca particular. Que preparan, organizan y todo es supuestamente concensuado, pero, con el cuidado de no pisarse la cola y que nada, absolutamente nada, por más consensuado que sea, afecte sus intereses particulares y, como además, en este paisaje, todo gira alrededor de la política y los políticos, que nos han convencido de que ellos son el eje, el centro de la noria y sin ellos nada es posible, parece que solo nos resta vivir en posición supina ante estos dignos señores.
Mientras los gatos y gastos continúan en una alocada carrera con las debidas justificaciones cabeza a cabeza, pretendiendo ensombrecer o eliminar conciencias, parece que el único camino que nos queda es bailar la música que nos toquen, ya que ellos tienen la orquesta, pero también poseen la batuta. No es reitero- que todo está bien o que todo esté mal, porque así son los gobiernos, los hombres y las sociedades que los agrupan.
Unos son ineficientes de por sí, y, cuando son mayoría, el resultado es el caos para los que son más y la gloria, para los que son menos. En fin, no me molesta tanto si la situación no sirve, si la cosa está dura, si la inseguridad ciudadana campea por sus fueros ya que ellos ni la ven ni la padecen, ni que la bendita gasolina se haya convertido en una lotería semanal donde solo gana la casa, ni mucho menos que un grupito de azarosos corruptos han llegado a creerse semidioses, no señor, eso no me molesta.
Lo que en verdad me irrita, duele y molesta, es que me quieran engañar o traten de hacerlo, y decir que ¡to´ta bien! Pero no todo es pena o frustración producida por el accionar político o de uno que otro energúmeno de esos que ladran aprovechando los medios que le permite el poder mediático, porque mientras más indelicadezas y abusos cometan, más se arraiga la convicción a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras por ganarme el aplauso de los débiles.
De ahí que reitero, para algunos allegados y otros tantos mal pensados, que estoy cada día más consciente de estar en el lugar correcto, aunque por circunstancias equivocadas. ¡Sí señor!

