Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Diciembre seria perfecto para que se vayan todos

Porque…“La verdadera felicidad estriba en el libre ejercicio de la mente”.

Diciembre siempre ha ejercido una influencia en mí, de muy difícil descripción. Es y fue,  algo especial que me cautiva la mente, con recuerdos de familia, amigos y otros tantos idos a destiempo, pero que han dejado hondos y muy profundos sentimientos que le dan cierta razón de ser a esto que llamamos vida.

 Es un mes de agradable temperatura, que no debiera de ser como todos los demás, en los cuales perdimos el tiempo abrumados por las intrigas de aquellos -al decir de un ilustrado dedicado a las buenas letras-, que han pervertido el significado del lenguaje, principalmente en cuanto a las palabras libertad y redención, todo para justificar sus macabras ambiciones, y lograr sus objetivos, simplemente esclavizándonos a sus malévolos deseos.

 Que la palabra “felicidad” se ofrezca como algo genérico y se mida con la capacidad de compra. Que el dinero sirva a quienes lo poseen en exceso para disfrutar hasta el hartazgo de las bondades, de los placeres y las prerrogativas reales del presente y llegar a vender la idea de que la carencia, de los miles de millones que no lo tienen, les garantiza una vida eterna en un cielo que solo alcanzan con la muerte.

 Manipulación del lenguaje y la moral sin que exista la suficiente transparencia que nos permita ver esa realidad superpuesta que vivimos artificialmente, a la cual todos por igual tenemos derecho y que llamamos futuro.

 Hay quienes pretenden quitarnos hasta el discernimiento, como condición indispensable para buscar la luz y ese cordón que al través del tiempo, le ha permitido al hombre poder buscar su razón de ser en esta tierra.

 Pero, llegó diciembre y un nuevo año en ciernes. Esperanzas para poder subsistir dentro de lo mismo, como pez que se ahoga en busca de oxígeno, así nos encontrará el año, buscando la sensatez y el pragmatismo ante las circunstancias del momento, ante un año que promete de todo, es decir, de todo lo que ya hemos visto, oído y vivido.

 Como expresé anteriormente, diciembre me hace renacer esperanzas y cumplir con quien o quienes merecen ser reconocidos por la labor llevada a cabo durante el año que termina, comenzando por mí mismo, y vale el pleonasmo, porque si yo no me reconozco a mi mismo, ¿quién lo hace? Por eso, en las navidades suelo regalarme algo, claro, como dice Marc Anthony, “si me lo merezco, yo me lo regalo”.

 Y en este diciembre, en este fin de año, quisiera un regalo muy especial. Como a diario perdemos nuestros mejores hombres y mujeres, en su mayoría, pertenecientes a las generaciones del 30, 40 y 50, unos que en medio de tantas bajezas y trapisondas, serán de difícil sustitución, como mi amigo Freddy Beras Goico, sólo aspiro a un regalo.

 Un regalo sencillo pero muy especial y, es el siguiente: aprovechar el mamotreto, la burda imitación de la famosa puerta de Brandeburgo, en Alemania, erigida a la entrada del Ministerio de las Fuerzas Armadas dominicanas, para satisfacer el ego de algún acomplejado y, con las técnicas modernas para transportar adefesios como ese, mudarla a la entrada de la autopista 6 de Noviembre, después del peaje.

 Una vez allí, para hacer más majestuoso ese propileo, le agregaremos su cuadriga ornamental, para hacerlo aún mucho más impresionante y solo entonces proceder, en fila india, a proscribir por siempre, con látigos, pancartas y tambores, hasta la frontera o, hasta llegar al mar abierto, a todos los malaleche, que no permiten vivir en paz y armonía en este bello y querido territorio.

 Y para esto, no necesitamos pispiar a nadie, porque todo el mundo los conoce. Vamos a “pasaportar” a todos estos políticos vividores y perversos, que denigran la noble profesión de la política porque, hasta que esto no suceda “los buenos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”.  Y que el año nos entre feliz y contento, completamente libre de garrapatas y demás sabandijas, mientras ellos se van con su talegada de desprecios y deshonras. ¡Sí señor!

El Nacional

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