Incredibilidad total, para muchos, y para mí también
Porque El fin del universo llegará, no como una conmoción, sino como un susurro
Quizás esa falta o capacidad para creer tal o cual cosa, que en apariencia afecta a muchos entre los que me incluyo, sea debido a esa terca y obstinada tendencia a no dejarse narigonear de personas supuestamente profesionales, honestas y honradas, cuya vida transcurre en medio de un maridaje indisoluble entre su oratoria y su accionar. Quizás en ese punto esté el problema.
Creer o no. Querer ver o no. Ser o no, así de sencillo. Anoche me fue imposible conciliar el sueño o todo lo contrario. Pude haber estado durmiendo la noche entera, en medio de una pesadilla o mal sueño, sin saber si fue lo uno o lo otro. Noche tormentosa, creyendo estar viviendo algo irreal pero que, lamentablemente, al parecer, nos quieren hacer creer que son verdades y dolorosas realidades.
Otrora, el historiador Thomas Carlyle presagió este mal sueño y sentenció que de nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos, pero al parecer esto no va para ciertos funcionarios que son expertos teóricos mientras están en la oposición o mientras no ejercen la función para la cual se supone, en base a su oratoria y continuas teorías, que están en capacidad de ejercerlas.
Muchos, llegado el momento, se quedan en eso, teorías, teorías y justificaciones para argumentar su pobre desempeño. Que pena, carajo. Este era un país distinto, pero de aquel amor de ayer, no quedan ni cenizas ya. Meterse a político para ordeñar la vaca hasta que perezca, esa parece ser la consigna.
Mientras tanto, no quieren comprender que hasta la belleza cansa, después sólo las lamentaciones cuando se muere o le matan la vaca. No quieren comprender, como escribió un destacado periodista, que este país es un niño hiperactivo dirigido por ancianos mentales a los que muchos les ha dado por llamar dinosaurios.
Por su parte, uno de nuestros jóvenes valores políticos expuso que sin una opción real por la educación, el futuro del país será siempre parecido al pasado, las puertas y ventanas permanecerán cerradas y seguiremos impidiendo a nuestra gente conocer la verdad y comprender que realmente existen estrellas.
Pero, para que esto ocurra obligatoriamente tenemos que ser otra cosa. Tenemos que cambiar hacia la eficiencia, la honestidad y la concordancia entre la oratoria y el accionar, no se puede continuar queriendo justificar todo y después de años ejerciendo una posición, quererle echarle la culpa de la ineficiencia, a la comadrona o aquel que enterraron hace bastante tiempo.
Y como podemos hablar de eficiencia en la educación, si por ejemplo, el encargado de hacer ese trabajo, se escuda en irresponsabilidades, para echarle la canana a otro sector del cual se supone es el que los dirige. No señor, por ese camino, nos seguirá llevando el mismísimo Satán.
Aquí no existe la renuncia y al parecer el concepto de responsabilidad, porque ante una situación como esta de la educación dominicana y de otras tantas, es simplemente frustrante, que el responsable diga que el problema fundamental de la calidad de la educación en el país es que la mayoría de los docentes no aplica el currículo, debido a que no lo conocen ni lo dominan.
Hubiese sido mucho más elegante haber dicho renuncio, debido a que después de tantos años en lo mismo no he podido lograr que los subalternos hagan su trabajo. Asimismo como dijo que los docentes dominicanos aplican su propio librito, debió de agregar además que temo me den una pela, si los hago cumplir con lo establecido por las estrategias didácticas establecidas por este ministerio.
En los últimos años han servido programas de formación a la carta, conforme a sus propios intereses y así no puede ser, tiene que ser el sistema educativo quien establezca los parámetros, quien establezca las condiciones especificas de formación que se necesita. Anjá, qué bonito y ¿quién es el llamado a establecer y hacer cumplir estos parámetros? ¡Mete el dedo ahí, que la cotorrita no está aquí! Quizás esté equivocado, y de ser así, errar humanun est. Pero, mientras tanto, hermano, renuncie, salga de esa vaina. ¡Sí señor!
El mejor Estado es aquél en el cual a los malvados no se les permite ocupar cargos, y a los buenos no se les permite rechazar un cargo.
Pitaco de Lesbos.-

