Sociedad en decadencia de luz moral, y crecimiento audaz de las sombras éticas
Porque Nuestro canto no cabe en las banderas Ellas caben mejor en nuestro canto.
Un precandidato, muy capaz, serio, excelente teórico, profesional a carta cabal y, por demás, sin cola que le pisen, me puso en serias dudas acerca de a quién se refería cuando expresó que si un candidato promete ser honesto, teniendo a su lado un corrupto reconocido, o un jefe de seguridad, que además de corrupto es prepotente y abusador, nadie le podrá creer.
Estoy enteramente de acuerdo pero, mi confusión tenía más que razones para existir. Porque hasta donde yo sé, ¡el hombre no es candidato! Al menos, hasta el 2016. ¿O me equivoco, como siempre? Lo que pensé fue que ese distinguido político, en todos estos años, ha estado viviendo muy lejos de esta calcomanía que ostentosamente muchos les dan por llamar nación. Sólo eso explicaría tal expresión, porque la verdad, creí que se estaba volviendo loco, al referirse al que hasta ese momento era su jefe.
¡Mamma mía!, las cosas que hay que ver y escuchar cuando las personas miran al través de un prisma, donde sólo se percibe lo remoto, el fangal de la lejanía, mientras se encuentran rodeados de puros desechos humanos. Tal como les ocurre a determinados personajes con un mesiazgo que asombra, aunque paradójicamente viven rodeados de mercantilismos vergonzosos, intereses espurios y torpes concupiscencias.
Eso me recuerda al gran Manuel del Cabral, cuando expuso que la critica de hoy es un mendigo vestido de etiqueta, porque los que las promocionan, al despojarse del lujo efímero con que ella los protege, no les queda para sobrevivir, ni medio centavo de eternidad.
Mientras tanto, aunque muchos se creen eternos y triunfadores claro, con más miedo que vergüenza, pero, al igual que dicen que el agua no penetra la piedra por su dureza, sino, por su persistencia; y a pesar de que se presenten manifestaciones descaradas y abusivas generadas por influencias malignas y perversas, en cuanto a mí, estamos ex-aequo, es decir, en situación de igualdad o empate. Jejejejejé.
Ahora me cuestiono, hasta dónde continuará la caída de esta sociedad en el fango inmundo de la desvergüenza, el miedo y la sumisión, donde ya es más que sabido por algunos políticos, que la miseria no piensa demasiado si el camino que le presentan es moralmente recto o no. Eso no les importa, lo importante son las dádivas y promesas infecundas, carentes de los más elementales principios y virtudes.
No perdonan independencia de acción o pensamiento, porque los encumbrados críticos, tanto aquellos ahítos de ambiciones políticas como otros tanto de sonrisas a sueldo, presentan a todo aquel que no es personero de sus intereses, simplemente como un paria, más o menos. Mientras tanto, prosigue a ritmo agitado la decadencia de la luz moral y el crecimiento alocado del ego y la presencia tenebrosa de las sombras, dentro de la sociedad y las instituciones.
Y lo peor es que la debacle es por doquier. Si es en las Fuerzas Armadas, por un lado, ascensos y ascensos sin existir plazas. Amontonando como si fuesen caballos o vacas en una finca, a generales y oficiales superiores ¿para causarle o dejarle más problemas al gobierno entrante? no sé, pero, todo esto es principalmente, para los guardaespaldas y sus allegados, porque los que están en las brigadas y en la frontera no cuentan. Esos sólo son buenos para servicio… Cambios de posiciones mayores, como si se tratara de un traslado de un cabo para otra unidad, y todo esto, para complacer a los leales que de una u otra manera pertenecen al Palacio Nacional.
Quiero pensar que esto es así y que no forme parte de algún macabro plan estratégico, para hacer desaparecer a las FF.AA. Sólo eso explicaría la manera tan burda con la cual se han estado manejando las mismas. Seis meses aquí para el guardaespaldas tal, y seis meses allí para el espaldero tal. Comisiones y contratos a granel es la consigna. Complacer a todos los que quieren ser jefes es lo que vale. De continuar así, hasta los jefes de Estado Mayor serán designados por seis meses para que, en lo que resta del año de gobierno, satisfacer a los que faltan. Aún así, no pierdo la esperanza de poder decir en algún momento ya ves, compadre Mon, esta es la tierra que despertaste. ¡Sí señor!
