Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

El dolor nos puede hundir en el abismo de la desesperación

Porque…“Es mejor caer que permanecer colgado”.

En el momento en el que el dolor nos ataca, es lastimoso pero, peor aún, cuando conocemos, como a la sazón, en carne viva lo hemos padecido, que sólo es el inicio de un largo y pesaroso calvario. Ahí se acrecienta de tal manera, que nos puede hundir en el abismo de la desesperación y, llegar a pensar, que Dante tuvo razón cuando escribió: “Pierdan todos las esperanzas. Estamos todos en el infierno”.

 Es como si anduviésemos perdidos, desorientados, como pez que se ahoga y abre su boca en busca de oxígeno. Así es el momento cumbre en el umbral del dolor, al cual nos ha llevado esa cadena de eventos críticos que nos conducen, sin aparente opción, a la más dolorosa de las catástrofes que hasta ahora hemos padecido.

 Es idéntico a vivir diariamente en un caos moral, perdidas todas las esperanzas. Es cuando el ser humano se desorienta y ejecuta acciones jamás pensadas. Es, por igual, como llegar y estar en cualquier lugar que no nos dice nada, por más bonito, feo, frío o caliente que sea, ya resulte porque nunca estuvimos allí o porque no exista ningún lazo precedente que nos una, ni raíces y mucho menos… recuerdos. Es no sentir nada por lo que un día fue tu vida, tu tierra, tu nación. Que vaina.

 La angustia nos enturbia el pensamiento y nos llegan cosas tenebrosas como aquella de decir que “algo tuve algún día, lo perdí de algún modo y me dará lo mismo cuando lo pierda todo”. Y la duda sobre todo nos agobia, y ya no sabemos qué queremos en verdad, aunque si estamos claros en todo aquello que no queremos más. Por eso es mil veces mejor aspirar a llegar a lo imposible que quedarnos morando en este fangal.

 Con angustias y sin esperanza, ese es el momento cumbre del dolor que sufren todos aquellos que se sienten desubicados en su propio terreno, en su propio hábitat. A sabiendas de que aún falta lo peor. De que cada día será peor hasta que el dolor estalle todo lo que hay en la cabeza y produzca la locura que conduzca a buscar la luz, la paz, el camino verdadero que nos conduzca fuera del estercolero.

 El tiempo transcurre en medio del dolor, perdiéndose toda sensibilidad, como si esta vida la estuviésemos viviendo enteramente sin sonido alguno. “Porque este sitio está lleno/ de noches sin arte/ de abrazos vacíos/ de hielo en los ojos/ de mundos a parte/ de cielos caídos/ ya lo llevo sintiendo, me quedo sin aire. Solo es un infierno sostenido,/ por el miedo a equivocarnos”.

         En 48 mil  kilómetros cuadrados estamos rodeados de dolor por todas partes. Nuestros lamentos no caben en los hospitales llenos de enfermedades fácilmente prevenibles que a muchos de nuestros pobres les cuestan la vida por una receta de poco monto o por no poder pagar la fatal “cuota de recuperación”. Será que como lo cantó Atahualpa Yupanqui: “Las penas y las vaquitas/ se van por la misma senda. /Las penas son de nosotros,/ las vaquitas son ajenas”.

  Analogías de sensaciones extrañas y lenguaje cuyas palabras cambian como lo hace la dirección del viento. Podríamos decir, muy fácilmente, que es vivir en medio de una “dictadura progresista, vanguardista y democrática”, donde más de cuatro millones de personas subsisten bajo la línea máxima de la pobreza. Un verdadero desarrollo humano con rostro y vestimenta de harapiento. Vaya usted a ver.

 Por eso, si destacáramos más la figura carismática y por siempre eterna en nuestra historia, la de Juan Pablo Duarte y de otros tantos consagrados por siempre por su desprendimiento por la Patria y al fin nos dejáramos de engalanar esperpentos de figuras pasajeras, acomplejadas por un poder transitorio, entonces la cosa marcharía por otro camino y cesaría este dolor sin nombre, al dejar de contemplar tantas bajezas y despropósitos, en el comportamiento de los llamados a gobernarnos. Y muy a pesar de tantos dolores y desesperanzas: ¡Mil felicidades!  ¡Si señor!

No despreciaré a ninguno de mis enemigos, si es bueno, ni ensalzaré a ninguno de mis amigos, si es malo”.

Teognis.

El Nacional

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