De instituciones, duplicaciones e impuestos municipales, varias entregas son necesarias
Porque El roer de una rata a través de un dique, puede ahogar a una nación.
Mil veces cierto, que para llevar con dignidad esta vida, las heridas hay que convertirlas en sabiduría. Sabiduría, aunque parezca increíble, para aprender a vivir de nuevo, cada día y cada instante, inclusive, transformando el miedo en valor, y éste a su vez, en prudencia y paciencia extrema, para no caer en la vorágine de la frustración y el desaliento.
El Ministro de Administración, se ha referido en varias oportunidades, a la necesidad de una ley orgánica sobre la Administración Pública, en donde la duplicidad de funciones campea por sus fueros. Y que bien que exista esa preocupación, porque desorganización mayor, no puede haber.
La falta de institucionalidad nos está devorando, como la carcoma lo hace con la madera. Mientras los políticos bien gracias. Porque siempre estamos en campaña y los votos hay que buscar, la fundita regalar y el diálogo pa´completá, sin lugar a nada más. Mientras las instituciones se desmoronan como terrón de azúcar.
Se crean ventanas únicas para agilizar los trámites burocráticos, pero estas solo existen en los periódicos, mientras los funcionarios hacen y deciden lo que les venga en ganas, sin respetar nada ni nadie. Verbigracia, el cacareado plan para economizar por el uso de los combustibles caros, por medio al gas natural. Las teorías se desvanecen y se quedan solo en palabras e ideas que no encuentran el camino para convertirse en hechos, en realidad, en algo palpable y beneficioso para las grandes mayorías.
Quizás sólo la Iglesia católica escapa a esta metástasis del cáncer de indelicadezas y desaparición de la formalidad y la institucionalidad que acosa los diferentes órganos que conforman esta nación.
Sobre las Fuerzas Armadas es hasta pecado referirse a ellas e inclusive, hasta pronunciar su nombre avergüenza a todo aquel que las ha conocido y por igual, a todos aquellos hombres de principios que tienen que permanecer callados ante el tsunami de inmoralidad que las azota de un tiempo a esta parte.
Pero, aún así, se acrecienta la vergüenza y profundiza más el dolor, digamos, hasta el infinito, cuando un ciudadano, al parecer conocedor del asunto o quizás buen observador de la situación en la cual se encuentran sumergidas las ff.aa. y que anteriormente fuesen equiparadas con la misma Iglesia católica en cuanto a moralidad, disciplina y organización y que hoy haya llegado a un extremo tal de percepción negativa, que esa persona exprese sobre ellas: Gracias por hacer de los militares una cuna de delincuentes y vividores y gracias por premiar a jefes policiales que han sido y son vergüenza de su uniforme. De verdad que nos duele, tanto a los que estamos fuera como los que están dentro. Por ellos y por mí ¡carajo, cuánto duele!
Con relación a esta situación, la cual se trata de ocultar, cuestioné a un amigo sobre ¿quién pilotea en realidad a las ff.aa.? y la pregunta no fue mal intencionada ni mucho menos, sino, que en verdad, hace tiempo que jefes mandan pero, no comandan.
La escala de mando es confusa y difusa. Quien es, no es y quien es, tampoco es. Imagínese usted, que hasta el control del personal, no depende de quien debería ser, sino del que quiere y puede. Por eso, la disciplina que conlleva el mando, le responde a otro y cuando no, campea por su ausencia y consideración mínima.
Pero, como esto hay que desglosarlo mejor, al igual que el desastre sobre los impuestos municipales que aplican síndicos y síndicos a su libre albedrío, consideración y beneficio, sin que necesariamente sobre los que lo aplican sea de su responsabilidad. Esta entrega, conllevará otras. Vamos a decir, como si fuese una serie, si no es que antes, en una rabieta cualquiera, me envíen hablar con el Creador. Esto pienso y esto Creo. ¡Señor!
