Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Lisonjeros de mente y carácter muy limitados

Porque… ¿Cómo hablar de progreso,   cuando todo está podrido?

Hombres mediocres, que habitan en un país yuquero o batatero. Carentes de los más elementales principios de moralidad pero, que precisamente debido a esas faltas de cualidades, ocupan cimeras posiciones dentro de la sociedad e instituciones. Es el caso recurrente en las organizaciones que paradójicamente más hablan de institucionalidad y desarrollo.

 Energúmenos, cualquerizados, que se pasan toda una vida alabando y detrás de cualquiera que los pueda poner o mantener en una posición. Bien lo dijo el actual Presidente de la República “lacras, cualquerizados”, que se arrastran como las culebras siempre y cuando sea el deseo de quien los manda.

 Son los “cualquerizados” que llegan a ser generales y ser jefes a la vez, sin más adornos que su falta de carácter y que viven de miedo en miedo, producto de su oscuro pasado, al cual quieren borrar a como dé lugar, pero siempre están las cicatrices. Por ejemplo; aquellos que han sido u ocupado posiciones de “operaciones” y que en esos momentos se prestaron a componendas con narcotraficantes, específicamente en la zona este, de esta caricatura de país.

 Debido a eso, siempre viven recelosos de que esa herida sea abierta en cualquier momento y toman acciones abusivas, discriminatorias y descaradas contra quien en algún momento no se prestó a sucias, descaradas e indelicadas componendas, y ellos piensan que le pueden hacer el daño pero, tranquilos, que ustedes saben muy bien que no hay pruebas contundentes sobre lo primero, para denunciarlos. Ahora, eso sí, no se puede probar el adulterio pero, todo el mundo sabe hasta con quiénes se acuesta la perversa.

 Viven temerosos de que en determinado momento, alguno de sus socios o ex socios, se vayan de la boca y,  en cualquier situación, -comprometedora para ellos-, comiencen a cantar como loros y su nombre salga a colación. Y, como saben que entre mafiosos no hay lealtades, sólo intereses, desde que se mueve el basurero, se inicia la taquicardia y la carrera con el lomotil arrastro.

 Son personajes conocidos por todos -como expresa el dicho popular-. Son los mismos que se desviven por estar presentes en cada acto donde asiste el Presidente o uno de sus jefes, sólo para dejarse ver. Son de tal hechura, que cuando no pueden ir por sí mismos, se la buscan hasta con las esposas, para que estas hagan que los inviten, todo para que el jefe los vea y expresarles su “lealtad” y admiración.

 Ah, caray. Este tipo de personaje llega a tener tal tupé, que ha sabiendas del concepto que tiene “la persona” sobre ellos, se les importa ser humillado, con tal de conseguir algún puesto que ya previamente ha sido sutilmente “sugerido” por su patrocinador. Es decir, que estamos hablando sobre los sujetos, que muy bien catalogó, el señor presidente de la república como “cualquerizados” y “lacras”.

 Y no son capaces de rectificar su comportamiento, porque al decir del viejo refrán; “Loro viejo, no aprende a hablar” y peor aún; “el perro huevero, aunque le quemen el hocico, vuelve a comer huevo”.

Así de sencillo. Se enganchan en el carro de la adulonería, servidumbre y corrupción, que pasado un tiempo en estos menesteres, ya para ellos es lo correcto y tampoco dudan para mantenerse “subio en el palo”.

 Son incapaces de iniciar un proceso de análisis sobre su proceder, y el largo proceso de verificación conductual, que les permite ver lo que son y lo bajo que han caído, pero, para este tipo de persona, es simplemente algo muy doloroso y lento y prefieren continuar siendo incapaces de producir un solo pensamiento o acción moral, porque simplemente hace tiempo se divorciaron del proceder correcto.

 Lamentablemente, el elemento o persona servil, es tan corriente y vulgar, en estos medios mediocres de convivencia, como, o muy parecido, a la maldad política, la cual y por igual, en estos ambientes putrefactos, de bajeza moral y tercermundista, son naturales, como una terrible y dolorosa indigestión. Pero, les pasara igual que un personaje de novelas, quedaran atrapados en su propia maldad y en sus propias fábulas e intrigas perversas. ¡Sí señor!

Donde quiera que vaya el hombre, sus semejantes lo perseguirán, lo agarrarán con sus instituciones inmundas y, si pueden, lo obligarán a pertenecer a su desesperada y absurda sociedad.

H.D. Thoreau

El Nacional

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