Pidiendo sensatez y cordura, a quien la ha perdido
Porque Seamos realistas, hagamos lo Imposible.
Vivimos muchas veces, prisioneros de un pasado que ha sido elaborado a imagen y semejanza de los que ostentan el poder en determinado momento. Que escriben y pautan las acciones de los hombres a conveniencia de intereses, normalmente políticos, para enaltecer o hundir honras, con la finalidad bien definida de moldear y hacer patrones de conducta que se adapten a los intereses del momento político.
Y, esto lo conocen y saben muy bien, los que han tenido y los que, por el medio que sea, aquí y allá, detentan el poder, ya que por medio de los recursos que este provee, se manipula la verdad, se manipula la realidad, sin que necesariamente tenga que intervenir con medidas cautelares, apresamientos, amenazas o censuras. Simplemente, cambiando el sentido de las palabras, manipulando hechos y cifras y poner el rumor favorable en labios de personas manipuladoras y fabuladores, especialistas para el engaño.
Ficciones manipuladas del pasado reciente, donde para la mayoría del pueblo, aquel que en base a la manipulación del lenguaje, se ha convertido en esclavo de una ilusión, la línea divisora entre realidad y ficción es difícil de establecer, al igual que la relación entre el bien y el mal, la traición y la lealtad, la integridad moral y el accionar cavernario de intrigantes y fabuladores.
Pero, el momento llegará, cuando, como si fuese el estruendazo crepitar de un fusil, la cruda realidad les de frente y entonces la compleja imprevisibilidad de la vida pase factura. Donde y cuando, no lo sé, como no lo sabe nadie pero, llegará.
La gente pide a gritos que cambie el chucho, que cambie el manejo político, el clientelismo de los vividores que crean partidos parásitos, proyectos políticos, agrupaciones de apoyo y cuantos movimientos y grupos se puedan inventar, con el sólo propósito de favores particulares, nombramientos para repartir y poder repartirse la tajada del pastel, que por su sacrificio de apoyo les corresponde del Estado.
Pero, a quien es que se le hace ese reclamo, carajo. A los mismos responsables del caos, a los mismos que crean las condiciones para que se produzcan las indelicadezas, la corrupción y las canonjías que alimentan las bonanzas individuales, como si las clases se suicidaran. Ese es un reclamo pendejo, ilusorio y risible.
Pertenecer a un comité político, central o aliado con mucho roce mediático, parece ser la línea para meterse y mantenerse en el poder. Todos son lo mismo. El mismo diablo con diferente ropaje. No importa nada, estos partiduchos son como una corriente de aguas negras que entra a la corriente del limpio río, que lo contamina todo, haciéndolo hediendo y putrefacto, muy parecido al aire que hoy respiramos.
Al parecer, ya no importa que tal o cual cosa sean o no verdad, porque de tanta manipulación y retrueque, ni los mismos creadores de fantasía y los siempre fabuladores, mentirosos e intrigantes, saben a ciencia cierta, cual es la verdad. En nuestro diario vivir, discutimos hasta la saciedad y le damos valor e increíble importancia a muchas dualidades que cotidianamente jugamos con ellas. Lo bello y lo feo. Lo rápido y lo lento. Lo dulce y lo amargo. La vida y la muerte y, sin embargo, el valor que le deberíamos de dar a las contradicciones realidad o utopia, verdad o mentira, parece han dejado de ser importantes.
Y quizás, debido a esta época de tanta convulsión, tecnología de punta, vivir vanguardista y como dice un viejo merengue que no por viejo deja de ser bueno-,en esta época del diseñador y por demás, importamos inventos y desgracias a destiempo y a contrapelo del buen sentido, parece que se acabaron los hombres, que como ciegos, deambulaban los caminos de la vida, buscando la iluminación divina y el conocimiento para engrandecer el bienestar del ser humano. Ahora son víboras que se dedican a destruir honras ajenas, políticos vividores, faltos de valores éticos y morales, ahítos de ambiciones de poder que no resisten una semana, sin que sus cabezas calenturientas paran un monstruo de proposición.
Para los analfabetos de ahora, pero que si saben leer y escribir y además, inclusive, hasta conceptualizan, y que al parecer han sufrido la perdida total de su memoria histórica, sería muy bueno que volvieran a repasarla, que no se les olvide la historia, que la ambición rompe el saco y sobre todo, que debajo de cualquier yagua vieja, sale tremendo alacrán.
Y, mientras el hacha va y viene, continúo como el Sándalo, perfumando el hacha que me hiere y digo como la filósofa francesa Simone Weil; Yo puedo, por tanto soy. ¡Sí señor! El que quiera hacer algo encontrará un medio; el que no, encontrará una excusa.
S. Dolley.-

