Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Sir Winston Churchill –entre tantas frases que han sobrevivido al tiempo, la modernidad y el vanguardismo desvergonzado, principalmente de la clase política–, expresó que; “el fallo de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino, importantes”. Esta situación la estamos viviendo desde hace bastante tiempo, donde un grupo de “políticos” se humillan y lavan los pies al Dios jefe, con el solo propósito de permanecer en el poder, aún sea sin escritorio.

 Tenemos políticos expertos en combinar el uso de la crueldad verbal y la sumisión vulgar con tal de mantener una posición dentro del Estado. Son expertos creadores de tormentas mediáticas para enterrar en el nauseabundo fango, creado por su perniciosa mente, a todo aquel que no comulgue con su purulento accionar, mientras mantienen de manera increíble, un equilibrio maldito entre la teoría y su perversa experiencia, que los ha hecho expertos en el manejo –para su propio beneficio–, de la doctrina y la casuística.

 Pero, “hasta la belleza cansa”. Llega un momento y así lo demuestra la historia de los pueblos, que la inercia, el dejar hacer, el dejar pasar, la calma y la tranquilidad, son sustituidas abruptamente por el ya famoso “sal pa´fuera”. Es, en ese momento, cuando todo lo anterior es sustituido y revolucionado por la indignación y la rebeldía, provocando crisis y tensiones de las cuales, los primeros en caer, son los que se creían intocables y eternos, que luego se ahogan en sus propias amarguras, dentro de sus hoscos refugios de emperadores sin trono.

 Los pronombres nosotros, ellos, vosotros, han perdido vigencia, como los clubes sociales. Solo existe el yo y en ocasiones –por puro interés– el tú y yo. O, se expandió este accionar por los políticos o fueron ellos víctimas de esta plaga. Si nos llevásemos lo dicho por Tsun Tzu, de que “si la batalla no puede ganarse… no la pelees”, entonces tendríamos que proseguir con los brazos cruzados y la boca cerrada, mientras la claque política hace y deshace a su antojo.

 Conocemos profesionales de la política que han llegado a creerse algo así como el Sol, cuando en realidad no han logrado siquiera  ser una “enana blanca”. A otros, lo único que les ha faltado es andar por la ciudad montados en un palanquín, llevado a cuestas por cuatro o cinco militares o policías, como símbolo de su poder y como recompensa por los “sacrificios y denuncias” que han hecho por la Patria, la misma Patria que “ellos” han contribuido a prostituir y que ahora acosan a la nación para hacer lo propio.

 Para muchos es difícil comprender este comportamiento y es que olvidan que ya estamos en campaña política para el 2016. Algunos parecen caballos con anteojeras, para no ver para los lados y mucho menos hacia atrás. Se consideran conocer y saber todo, mientras el resto, somos zánganos incultos que a duras penas mal leemos. Eso, quizás sea cierto, pero la intención es inocultable, es clara, no son estúpidos, ya que el mirar hacia atrás es arriesgarse a ser víctima de aquella sentencia bíblica de que al volver la vista atrás, podrían convertirse en sal.

 Al mirar atrás, la oscuridad ensombrecería el futuro. Los Santos caerían del altar llevándose consigo de paro, la imagen principesca de su Dios. Y, como el que está no lo ven como tal y mucho menos lo reconocen siquiera, ni como un semi-Dios, entonces ¡a mirar de frente, mi hermano! Porque el hacerlo para atrás, es tropezar con el futuro. ¡Sí, señor!

El Nacional

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