Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Nos manipulan y engañan, hasta que la verdad nos da en la cara

Porque… “Un pueblo ignorante es un instrumento de su propia destrucción”.

  Parmenides, ese gran filosofo de la naturaleza, pensaba, que nada puede surgir de la nada y, observaba, como cambiaban las cosas en la naturaleza, pero, que esos cambios no concordaban con lo que le decía la razón. Después, cuando se vio forzado a elegir entre guiarse por sus sentidos o por su razón, eligió esta última, ya que los primeros nos ofrecen una imagen errónea de la realidad.

 Si ahora, nos dejásemos llevar por la razón y no por esos sentidos manipulados por el manejo grosero de la propaganda y el lenguaje distorsionado, es posible que veamos con claridad el por qué de nuestras desgracias y penurias.

 La clase política, esa misma que nos ha gobernado y dirigido antes, ahora y después, porque así ha sido y así debe de ser, es la única causante de las vicisitudes que hemos pasado, pasamos y continuaremos pasando como país. Y la razón es la misma de siempre, la eterna y siempre latente ambición desmedida, acompañada en las últimas décadas, por la incontrolable y siempre justificada, con argumentos baladíes, la puta, eterna y maldita corrupción.

 Es, en este escenario del bien y el mal, como bien sentenció Lucio Annea Seneca, donde esa clase se  pavonea, exponiendo en cuantas oportunidades se le presenta, la solución de todos los problemas que surjan en el futuro, criticando la no solución a los pasados y obviando, descaradamente, la solución a los graves, vergonzantes y dolorosos problemas que nos acogotan por doquier, en este presente absurdo, carente de realidades, con excepción de los problemas que si son angustiosamente reales y ciertos.

 Hacen todo lo contrario, a lo expuesto por la poetisa ateniense Corina de Tanagra, la cual aconsejó “Sembrar a manos llenas, no a sacos llenos”. Todo es para ellos, a sacos llenos. No se sacian aun lleguen al hartazgo. No orientan las velas para avanzar hacia un bien común, que se supone debe ser su norte. Y, aunque son inteligentes, y muy a pesar de escuchar el rugido de los vientos, se niegan a interpretar los mismos, a sabiendas, de que se le puede hundir la nave.

 Esperanza ilusoria el pretender que en medio de este aluvión de ambiciones llevadas a cabo por los mercaderes de la política, se produzca algún cambio, si a cada instante, como por arte de magia, logran urdir desmesuradas propuestas, evacuadas de mentes ardientes y del delirio que deriva de esa condición.

 Viven y nos quieren hacer vivir,  obsesionados con el vanguardismo, el cambio tecnológico, la globalización y una importancia que raya en la locura, en cuanto a la comunidad internacional, mientras el patio se nos llena de basura y las letrinas rebosan de excrementos, frente a frente a nuestras narices.

 Se creen siempre en mayoría, cuando a la sazón, los otros, los silenciosos, somos más, mucho más, aunque tradicionalmente, más comedidos y menos propensos a las indelicadezas y bellaquerías que en la mayoría de ellos es común, en su accionar engañoso e inmoral.

 Por doquier es el mismo cuadro de engaños, las mismas promesas y los mismos incumplimientos, mientras crecen y crecen sus ambiciones y despropósitos. Los más nos mantenemos, parodiando a Facundo Cabral “distraídos de la vida que nos puebla, distraídos de la vida que nos rodea”, hasta que la realidad nos da de frente y duro, muy duro.

 Recuerdan, por casualidad, los capitalinos, aquello que se llamaba “Boca Chica”, bien, pues ahora, como todo se ha dividido y se persigue entre otras cosas continuar por el mismo camino, que si no se divide se le cambia el nombre, ahora eso se llama o debería de llamarse “Bocahichica”.

 Haitianos, parqueadores, que más que eso parecen “salteadores”, hostigamientos por doquier que dan la sensación de terror y por la noche causa pesadilla, arrabalización caótica e imperdonable, playa infectada, desgraciada por la contaminación, en fin, un pequeño Haití en la que otrora playa preferida de los capitalinos. Un verdadero y asqueroso caos creado y mantenido por los mismos de siempre, para proseguir pescando en ríos infectados de miserias y pobreza cultural.

 Sobre este y otros temas relacionados con divisiones, donaciones, descuidos y engaños, manipulaciones y cuantas diabluras nos suceden y sobre quienes producen todas estas vergonzosas vagabunderías, es decir, los cualquerizados metidos a la política, tendremos que continuar haciendo, diciendo y sobre todo, actuar.

 Mientras, solo para contrariar, volvamos a decir como Facundo Cabral: “El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida. Vale la pena, ¿verdad?” Claro que sí… ¡Sí señor!

“Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale  que tienes mil y una razones  por las cuales sonreír”.

F.C.

El Nacional

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