Algo está cambiando en el mundo, y muchos no lo notan
Porque La historia de los de arriba, no es la memoria de los de abajo.
Justo cuando la noche se dirigía hacia la oscuridad más profunda y cuando las esperanzas apenas subsistían llegó como un precioso amanecer para terminar una larga noche de cautiverio. Pero, lamentablemente, como todas las cosas buenas de la vida, se terminó abruptamente el sueño y solo nos dejó con el amargo sabor de la realidad y la eternidad de las cosas malas, que al parecer, nos han acompañado desde siempre.
Ilusión estúpida pretender que la vida nos trate bien por ser buenas personas es como esperar que un toro no nos ataque por ser vegetarianos. Aunque, ante la cruda realidad, es mejor seguir soñando y esperar, no una vida de ensueños que en esta tierra no la hay sino, al menos, y sin muchas pretensiones, con un poco de decencia y respeto, porque el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.
Qué pena que ni siquiera le podamos llamar a las cosas como estas son, y tener que hacer uso de herramientas retóricas, como el paralelismo, para agregar énfasis a la idea central, sin tener que irritar en demasía al monstruo.
El dictador Ben Alí, en Túnez, cogió las de Villa Diego, mientras Murabak, en Egipto, con más de tres décadas en el poder, más tarde que temprano, tendrá que coger la misma ruta. Mubarak se tambalea, y el temblor que produce la repulsa popular es cada día mayor. En Jordania, el rey Abdalá, en respuesta a esos temblores, nombra un nuevo premier. Mientras, por otros lares, muchos se olvidan ex profeso que cada instante de la vida, es un paso hacia la muerte.
Quizás el problema común es que pensamos demasiado y, por el contrario, sentimos muy poco. Percibimos que algo huele mal y buscamos mil excusas para justificarlo, siempre y cuando estemos protegidos con una máscara que nos cubra de la hediondez y mientras tanto, se prosigue permitiendo que los dictadores, sea cual sea su orientación política, junto a sus acólitos, se sientan y se comporten con plena libertad, que sean libres, mientras esclavizan, hasta en el pensar, a todos los demás.
La legalidad, es la cruda manifestación de una veleta a expensas del viento, que sopla en una sola dirección. Lo legal se tambalea por doquier. El engaño, el fraude, la tergiversación de los hechos flota y la sociedad, al parecer, intenta despertar ante el abuso, la corrupción, el bozal y la cadena de fuerza que aprisiona con ciertos dejos de legalidad, pero cero en cuanto a lo ético y moral.
El manipular las leyes, el lenguaje, la miseria, la falta de educación y peor aún, la voluntad del hombre común, constituyen el basamento del día a día, la constante diaria, el padecimiento cuasi general.
Por eso se están sintiendo esos temblores en muchas partes del mundo, mientras en determinados países, no cogen experiencia e intentan recorrer ese mismo camino, olvidando las expresiones de los barrios marginados cuando les llega el hastío y comienzan las manifestaciones de desesperación cuando la situación llega a ser caótica.
Por ejemplo, cuando en esos barrios alguien tira fuego por la boca, la gente dice se le regó la anemia a fulano mientras otros tantos, en estos tiempos de modernidad, vanguardismo y del conocimiento, se manifiestan por las redes sociales exponiendo su sentir pork la vida te kita las cosas buenas y las malas te las deja por tanto tiempo.
Porque la cosa es sencilla. Para qué juran si no creen, para qué lo hacen si saben que no van a cumplir, para qué jurar si saben que eso es solo un protocolo hipócrita, para qué diablos juran, para qué.
Porque ignoran lo que los de abajo ven y padecen. Porque ignoran que algo está cambiando y rápido, porque ignoran el sentir de un solo trabajador que encierra el pensamiento de la gran mayoría, y que a pesar de haber sido expresado en el Medio Oriente, encierra el sentir de muchos al otro lado del mundo: Lleva demasiado tiempo en el poder y hace mucho que se ha olvidado de nosotros. Que tenemos una precaria educación para nuestros hijos y vivimos sin esperanza de poder prosperar. ¡Sí señor!
Pueblo que no esté dispuesto a esforzarse, no tiene derecho siquiera a mencionar la palabra independencia, ni siquiera la palabra soberanía.
Fidel Castro.-

