Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Continúa el ruido, la difamación bien  orquestada y el mismo engaño

Porque…  “Mientras yo sepa lo que soy, no me importa lo que diga la gente”.

En este terruño todo está ligado, desde la raza hasta lo conductual. Instituciones de trabajo social existen por decenas, igual que aquellas que tienen que ver con la conducta pero, siempre el bendito “pero”. Fíjese usted que una cantidad significativa de éstas son solo para engrosar egos, crear líderes e ídolos, dadivosos como el que más pero, con lo ajeno, principalmente si le corresponde al Estado. Bulla y mucho ruido para que no se distingan los mansos de los cimarrones. Así es todo y a eso nos hemos acostumbrado.

 Ruido, mucho ruido para pretender ocultar lo que desde un principio es inocultable, porque la intención del engaño hiede desde el principio. Como aquel mamotreto de seguridad democrática, proyecto nacido nati-muerto y desde su inicio tratado de sostener en base a “estadísticas” manipuladas, creadas para justificar algo que solo se veía bien en los roles académicos de encumbrados despachos, con aspiraciones que desde un principio  dejaban ver las enaguas. Solo simple patrullaje policial, que siquiera a eso llegó.

 Bulla, difamación y descaro es el resumen de este accionar perverso. Escarnio para aquel o aquellos funcionarios que ocasionalmente osen ir en contra de la corriente nauseabunda, porque, lamentablemente y para su asombro, son ellos los que salen sucios, acusados de mil diabluras por cometer “el grave desliz gerencial” de oponerse o proceder en contra de los privilegiados que cometen sus indelicadezas, a sabiendas de que no habrá castigo porque solo responden a un estamento superior a quien se considera su jefe.

 Bullanga por aquí, alboroto de cornetas por allá, para encubrir un progreso fantasma, idílico, irreal, creando percepciones que se las lleva el viento mientras los problemas se acrecientan día a día y que en medio de tantos ruidos y perturbaciones acústicas, nos mantienen encerrados mentalmente, sin que podamos dejar salir los  miedos y temores con los cuales pretenden mantenernos sumisos y callados.

 Pero aún así, rodeados de tantos abusos, mentiras, tramas asquerosas en contra de honras, comportamientos y bonhomías, aún así, a sabiendas de lo perjudicial de todo esto, permanecemos atontados, abobados, como zombis, no actuamos. Sabemos, conocemos que las intrigas, chismes y malquerencias no cambiarán y a pesar de esto proseguimos esperando que desde el más allá venga un milagro y produzca lo que se ha de producir.

 Mientras tanto afuera, continúa produciéndose mucho ruido, como si partieran de bocas, que más que bocas fuesen retretes parlantes que emiten sonidos no armoniosos, unidos por una inmensa cadena finamente elaborada en base a ruindad.

 Esa mezcla confusa de sonidos, tanto institucional como personalmente, molesta, porque sus estruendos traen mentiras que se distorsionan mientras corren y me encolerizan, “me arraigan la sangre en las venas” y me lastiman junto a quienes quiero. Qué carajo más podrían decir, qué tan bajo pueden caer en su insistencia de hundir a quienes no comulgan ni han comulgado con su proceder, con quienes, aunque les duele y moleste, mantenemos la frente en alto.

 Quizás podría decir que asusta esta situación que no podemos controlar y sabemos que las consecuencias pueden continuar diversificándose, a menos que, harto, “jarto hasta la coronilla” de esta vaina asquerosa, explote o explotemos de una vez y por todas ante estas bajezas, no sin antes recordarles una vieja ley de la historia, que nos  dice, cual si fuese una gota de agua abriendo paso, cayendo incesantemente en el mismo lugar y por mucho tiempo, que la tragedia regresa bajo la forma de farsa cuya repetición una y otra vez se ha manifestado en todas las épocas, incluida la nuestra. ¡Sí señor!

El Nacional

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