Llamando a cada cosa por su nombre, Aunque alguien se ofenda
Porque A mudos y ciegos, hace testigos el dinero.
No estamos hablando de guerras. No estamos hablando de pelear, pero, siempre es bueno tener todas las cosas claras, cuando muchos intentan mal interpretar, cuando la otra persona habla, protesta, llora o ríe. Es bueno, y más cuando ese que habla, dice, llora, ríe o protesta, no tiene cola que le pisen y mucho menos, siente miedo o temor a desatar los demonios.
Hablando de colas, como dijo un buen amigo, tienen que temer otros, no usted, porque las fiestas y las colas son ajenas y precisamente, lo que quieren, como diría Manuel del Cabral, es su silencio sin reloj y, por eso, en innúmeras ocasiones, en medio de este salvaje y aparente silencioso medio ambiente, en el cual nos estamos desenvolviendo, de vez en cuando es bueno, muy bueno, irnos a las expresiones del pueblo, que muchas veces se manifiestan al través de canciones y decir, como esa vieja canción cubana si es que no estoy equivocado, que tampoco es raro que dice, como intento recordar en el siguiente párrafo.
Yo tengo un gallo que canta bueno, yo tengo un gallo que canta bien, y, si tu gallo canta y es bueno, mi gallo es bueno y canta también. Y no es que pretendamos siquiera Dios nos libre cuando decimos o escribimos sobre cosas extremas, adoptar un estilo difícil y peculiar que confunda y se haga difuso, no señor, no es proceder a saltos, estableciendo asociaciones bruscas e imprevistas entre diferentes elementos, no señor.
Quizás un poco de imágenes, quizás un poco de elementos retóricos para decir y comportarnos como ciertos y determinados políticos, que tratan los problemas o se curan en salud, si aún no están preparados de un todo, para hacerle frente a la avalancha que se ha de producir.
Por eso, cada día, la cosa como que se complica y los expertos en fabricar falsías y engaños articulan fantasiosas intrigas y mal querencias donde no existen.
Quizás no sea la última vez que tenga que decir y proclamar algo que para mí tiene enorme significado como es la amistad, el cariño y la lealtad hacia ciertos y determinados seres humanos que gozan de mi aprecio y por tal razón, he tenido que aclarar y decir en diferentes escenarios, que ese hecho no significa que necesaria y obligatoriamente tenga que apoyar todo lo que esas personas, a las cuales les brindo mi amistad, aunque sea en una sola vía, reitero, tenga que solidarizarme con todo lo que hagan o dejen de hacer.
Si esto fuese así, solo sería un monigote, un ser despreciable al cual narigonea cualquiera, y no es así, no señor. Por eso, una vez más y cuantas veces sean necesarias, reitero lo mismo: soy amigo de Leonel, de Hipólito, Hatuey, Fiquito, Danilo, Hamlet y una serie interminable de políticos pero, a quien le tenga que decir, o esté en contra de tal o cual acción, simplemente, si quiero, se lo jondeo. No soy ninguna marioneta ni pusilánime para permanecer callado, no señor. Para todo eso, existen aquellos a quienes les gusta la populachería, cosa esta, por la cual nunca me he caracterizado.
Aquí y ahora, en cualesquiera momento debe de ser. Acabar con las triquiñuelas, aún sea por un tiempo. Que una sargento declare que fue maltratada por un prepotente, cualquerizado y privilegiado superior, por cumplir con su deber y luego diga que no y todo se quede así por así, simplemente, carajo, debe de terminar.
Que se prosiga con operativos, buscando remedios mediatos y pasado mañana estaremos en las mismas, sin buscar la solución definitiva a los problemas, deben de terminar. Que se quiera complacer a todo el mundo, dejando entradas y salidas en las avenidas y autopistas, para facilitar el desplazamiento sin que se tenga que llegar a un retorno, sin tomar en cuenta la seguridad y libre desplazamiento de los que cumplen la ley, para favorecer a los pobres padres de familia que invaden los espacios públicos, debe y tiene que desaparecer.
Por igual, extensiones aquí y allá para complacer los que quieren universidades en barrios y pueblos cuyo resultado ha sido y es previsible, en cuanto a la ineficiencia que acarrea, debe de terminar, porque entonces, ni aquí ni allá.
De igual manera, lo que acontece con el famoso cuatro por ciento para la Educación, cuando ni siquiera el diez por ciento solucionaría el problema de la educación en nuestro país y eso lo saben muchos, quizás más que muchos.
Y la razón es tan simple que por ser así, es tan difícil de aceptar. Continuamos con la educación instructiva, de conocimientos, mientras la educación formativa anda de parranda eterna y aprovechando estas circunstancias los valores como la honestidad, la puntualidad y la limpieza campean por su ausencia y no lo digo yo solamente, solo hay que irse a otros lugares y aprender lo que en verdad se debe de aprender.
Porque, en definitiva, nunca habrá suficiente dinero para invertir en la educación, aunque sí aparecen millones y millones para hacer ascensores privados y remodelar oficinas, como si estuviesen cambiándose la ropa interior. ¡Sí señor!

