Estaré equivocado y no sería de extrañar pero, de ser así, me gustaría continuar con este pensar, en ocasiones iluso y otras tantas sin aparente sentido, aunque de todas maneras, ha llegado a gustarme. No creo que tu enemigo sea mi enemigo y tampoco que tú amigo sea mío. Cada quien, de una u otra manera, es diferente.
No nacemos en colectivo o en una fábrica automática de ensamblaje. Cada quien piensa diferente y tiene todo el derecho para hacerlo. Cada comportamiento difiere en conducta, ética y moralidad, por lo cual, tu amigo inmoral y corrupto no puede ser mi amigo, sin que necesariamente, tenga que ser enemigo pero, tú no puedes defender una crápula por ser tu amigo, ese que te arrastra a las inmundicias a las que está ya acostumbrado.
El que se hable de él no te implica, al menos que tú te conviertas en su protector o defensor. Algo parecido ya que nos gusta copiar o referirnos a cuestiones que se hacen fuera de esta media isla, fue lo acontecido en Brasil, con un grupo de exfuncionarios corruptos del anterior gobierno, que fue presidido por un político a todas luces-hasta ahora-, eficiente, moral y honesto, al cual nadie ha osado siquiera nombrar.
Parodiando a un distinguido psicólogo -cuyo nombre se me a escapado entre las grandes lagunas que habitan en mi cabeza y precisamente en el lugar donde se suponía debía estar el cerebro-, que la religión, muy similar al caso que nos ocupa sobre las acciones de amigos, conocidos y aún familiares, es un fenómeno personal que emana de las profundidades más misteriosas de nuestro subconsciente, que visto de esa manera, nos puede proporcionar una vida integral llena de resultados beneficiosos, siempre y cuando sea dentro de los parámetros morales y éticos establecidos. Quizás basado en estas premisas, fue que el Papa Benedicto XVl expresara que cada uno es responsable de sus comportamientos y solo según estos seremos juzgados. Claro, que el Santo Padre hace referencia a lo religioso o al gran juicio celestial al final de todos los finales, pero, por igual aplica a la justicia aquí, en este mar de lágrimas que llamamos tierra o República Dominicana.
Y la gran pregunta es ¿por qué políticos que no deben ni tienen que apandillarse para defender inconductas y actos bochornosos de compañeritos o supuestos o reales amigos, lo hacen? ¿Por qué pretender justificar infinitos gastos medalaganarios, superfluos, revestidos muchas veces de buenas intenciones para ayudar, y los presentan en el sistema de contabilidad como inversiones, cuando no son más que gastos innecesarios, acompañados muchas veces, de la que se convertido en eterna compañera de este tipo de acción, la insaciable, intocable y despreciable señora Corrupción?
O, será quizás esta sea una de las causas por la que el significado real de la lealtad y la amistad se ha transformado en otra cosa, que cambia de traje de manera mágica, como actor en el escenario, donde de lo menos que se viste es de ¿servilismo?
Pero, sin importar que, considero que la esperanza, al igual que el amor, va y viene como los días y las noches.Que la Navidad por igual y por tradición, siempre es un tiempo de esperanza. Esperanza quizás de nada en específico pero, esperanza al fin.
Tal vez entre tiempos de esperanzas y creencias, la cuestión no implique el llenar ni aspirar, sino, pensar si en el vacío, la nada, la oscuridad, el infinito, o en eso indefinible que llaman muerte, por igual, se encuentra camuflada, la famosa gloria. Y mientras nos encontremos atrapados en estos intrincados vericuetos,el de transitorios ritualismos y engañosas manipulaciones políticas, en estas navidades y para el venidero año, vamos a cantar a lo Melendi, Y este año le pido al cielo/la salud del anterior/no necesito dinero/voy sobrao en el amor. ¡Sí, señor!

