Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Profanos, que manipulan mentes, para propalar opiniones sin fundamento

Porque… “Aquellas experiencias que no nos destruyen, nos vuelven más fuertes”.

Compartimos plenamente que “en ocasiones, el silencio es la respuesta más cruel y hiere tanto como las palabras”. Ahora, eso sí, hay que tener fuerza y voluntad para aguantar callado las injurias y agravios que a veces llegan de improviso y cargados de mentiras del lado donde menos podríamos esperar.

 Al parecer, la mescolanza de razas bárbaras variopintas que conforma nuestra sociedad, está infectada con las peores pestes de intrigas y traiciones que siempre se han producido en la humanidad, razón por la cual, ya no esperamos más ni esperamos menos de las raleas que nos rodean, pues siempre será lo mismo, sin esperanza de salir de estos acontecimientos que abarrotan la actual época “vanguardista” que nos ha tocado vivir.

 Mientras tanto, vivimos como mariposa encerrada en su capullo, nadie quiere ver, ni oír y mucho menos decir o hacer. Esto me recuerda los versos de Piero: “No soy de muchas palabras/ y hay muy poco que contar/ las cosas se cuentan solas/ solo hay que saber mirar/ las cosas se cuentan solas país/ solo hay que saber mirar”.

 Obligatoriamente, y al parecer, tenemos que adaptarnos y soportar lo máximo a “los indelicados y profanos” que propalan y sostienen opiniones sin fundamentos. Aunque, eso sí, manteniendo en todo momento y lugar, la misma postura enérgica y al mismo tiempo relajada, para no morirnos de un infarto.

 Quizás en nuestra vida, nunca habíamos sentido tanta sed de todo, frente a esta horda de depravación que solo podemos, por ahora, lamentar. Mientras, prosiguen a todo galope las “invectivas” de los espalderos y el cacle que se les une en contra de aquellos que desdeñan lo vulgar, ordinario e indelicado, que a ellos los enloquece cada día más y los azuza, como si fuesen perros o caballos desbocados, en busca de lo ordinario y además, se pirran por lo raro o perverso.

 Ay mi país que tan fácil olvida, “que a mi Patria la fundaron/ a golpes y cachetazos/ cuántas voces se callaron/ a machete y a balazos, / pero cuantas voces se callaron país/ a machete y a balazos”.

 Pero, c´est la vie, en tanto, creo, parodiando a W. Whitman, en cuanto a que no podemos dejar de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo, porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta, porque somos seres llenos de pasión y la vida es desierto con su oasis.

 Volvemos a la vida, despiertos y abrimos los ojos solo para escuchar toda clase de ruidos y comprendo, que no importa que nuestros oídos no logren la ubicación de dónde provienen éstos, siempre van a existir, siempre van a convivir con nosotros, al igual que los mezquinos de corazón y alma. No importa su origen, porque al final, la mejor manera de acallarlos es ignorarlos, asimilando que forman parte de la vida, pero que esas acciones y decires malditos, no nos definen.

 Son ruidos, bulla, solo eso. Que vociferen, que nuestro silencio, debajo del dolor y el enojo, se acrecienta en dignidad y el hecho que nos recostemos en sigilo, que callemos, no significa que no nos levantaremos, que no lucharemos, que mantendremos la paciencia, muy por el contrario. Pero eso sí, si nos quieren conocer aún más, sepan que no hay “plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague” y, aún más, que no hay que alarmarse o temerle a lo que decimos, sino, muy por el contrario, más bien creemos, que habría que temerle a lo que callamos. ¡Sí señor!

El Nacional

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