Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

La verdad  emerge como un géiser, aunque traten de ocultarla por un tiempo

Porque… “La existencia es esfuerzo, es deseo, es dolor”.

He conocido al través de muchos años, lidiando con interioridades  que para muchos serían inconcebibles e insondables y, después de muchos silencios, fatigas y padecer increíbles maneras de solitarios sufrimientos, por demás, expuesto a diferentes tipos de peligros, pero por fin, gracias a Dios, he terminado de comprender, puedo asegurarlo, que la verdad va acorde con la lealtad, la honestidad y que eso es lo que en verdad importa y tiene valor.

 Es la razón principal del porqué la naturaleza es grande en las pequeñas cosas, en la esencia, en el conjunto de todo lo que hace de la cosa, lo que es. Cualquier adorno se queda en eso, falsías que se presentan como antítesis, no de una utopía, sino de algo valedero como es la verdad.

 Por eso, para las personas de nobles principios “ningún veneno es más letal, que el que emana de la traición”. No solo se traiciona con acciones sino, también con omisiones. Nos lo enseña la vida. Por esto creemos que tanto el sinvergüenza, el amoral y quien o quienes lo consienten, no sufren pena alguna, debido a que de tanto falsear la verdad, hacer o dejar hacer indelicadezas y traiciones, se hacen inmunes, no piensan, no sienten, no oyen, ni ven y todas las bajezas las toman como algo natural en el accionar humano.

 Indiscutiblemente que este nauseabundo comportamiento y forma de vida, es la mejor y más perdurable obra que jamás hayan hecho nuestros políticos  en nuestra, muchas veces indescriptible, media isla. La pantomima, ese accionar fingido que no se siente, es utilizada por los mercaderes de la política para el engaño, para engatusar la mansa multitud de hambrientos de todo, de alguna manera habrá que ponerle término, denunciándolo al menos, tan pronto lo pongan en práctica para evitar el tener que llegar al extremo doloroso de llevar a cabo el “sal pa´fuera”.

 No quiero ni pretendo ser lapidario al decir que si no es ahora que obtenemos un estadista que detenga la debacle moral e institucional que nos han impuesto, este país no dura mucho sin que se arme el “sal pa´fuera”, que se sienta el olor y sabor a sangre como tantas otras veces ha ocurrido, porque ya el descaro de nuestros “dirigentes” ha pasado de castaño a morado sin que se visualice que por las buenas cambien el paso, entonces, deberá ser a la brava que tendrán que coger el surco.

 No es con desmentidos vacuos que se combate una realidad, una verdad que está a la vista de todo aquel que la quiera ver, sentir y palpar, no señor, así no es. A lo largo de todos estos años hay un cáncer que fue detectado con suficiente tiempo, sin que nadie le pusiese atención, muy por el contrario, ha sido alimentado con intenciones hasta ahora inimaginables,  que ha carcomido y hundido la disciplina, el espíritu de cuerpo y la institucionalidad de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, mientras el médico de cabecera no lo ve, no lo siente y al parecer, tampoco le importa.

 Lo que ahora está pasando dentro de las FF.AA. y la P.N. y que fue denunciado responsablemente, nos es más que la cosecha de los frutos envenenados que se han sembrado dentro de sus filas, en donde un grupo selecto de privilegiados –vale la redundancia–, se ha apoderado como botín de guerra, de todos y cada uno de los estamentos que conforman las mismas.

 Y ese géiser de los descontentos, producto del accionar corrupto de la claque de alabarderos, es difícil que pueda contenerse por mucho tiempo más. Se ha incentivado una serie de prácticas corruptas, perversas, abusivas, inmorales e indecentes que han minado el mando natural dentro de las FF.AA y la P.N. Todo aquel militar o policía que no pertenezca o se doblegue al capricho de esta claque “ayudántica”, ni manda ni mucho menos comanda ninguna unidad.

 Todo esto ha llegado a un extremo tal de inmoralidad y privilegios irritantes, que ha minado las aspiraciones de los hombres y mujeres militares que mantienen aún el concepto de verdaderos profesionales que hoy están pagando por el comportamiento arrogante y descarado de esa claque. Para muestra basta decir, sin ser exagerado, que cerca del 90 ó 95% de los puestos de mando los ocupan miembros del desacreditado Cuerpo de Ayudantes Militares, donde hay más personal asignado que cualquiera de las brigadas, supuestamente de combate.

 Y, por igual, los puestos que no los dominan ellos, tienen que tener la aprobación del factótum que se encuentra detrás del jefe máximo. Qué pena que esto sea así, por eso están actuando como lo  hacen, porque solo responden a un jefe que no es, precisamente, aquel que contemplan las leyes y reglamentos por los cuales deben regirse las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. ¡Dolorosamente, es así, con o sin desmentidos! ¡Sí señor!

E-mail: rafaelpiloto1@hotmail.com

Twitter:@rafaelpiloto1

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