Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

En estos días, después de haber sudado el cuerpo y de estar disfrutando mi segundo baño, de improviso y en apariencia sin causa justificada, cayó la presión del agua y como por encanto, me retrotraje a los tiempos cuando me aseaba con jarritos de agua.

 Tiempos felices y no traumáticos como pensarán muchos, porque eso era lo natural, lo común y, que de manera premeditada o no, muchos pretenden borrar, otros tantos ocultar, como si fuese un pecado mortal o una afrenta.

 A unos les avergüenza no haber nacido en cuna de rico y en vez de sentirse orgullosos de su origen pobre y haber progresado en base a montones de sacrificios, tanto personales como familiares, reniegan y ofenden cuando el tema sale a colación. Complejos y egos inflados los acosan amargándoles la vida.

 Es lo que acontece, más común de la cuenta, con nuestros políticos, principalmente y otros tantos profesionales liberales, como determinados “periodistas”, que amasan fortunas supuestamente con programitas que siquiera producen para pagar el espacio radial o televisivo, pero que a ellos se les multiplican los recursos como el pan y el pescado aquel.

 Engaños, extorsiones y más, acompañan a este proceder acomplejado que los lleva a creerse reyes o miembros de una realeza, que solo existe en lo más profundo de sus acomplejados egos. Forman parte de la peor lacra de una sociedad, porque desconocen el valor que significa desarrollarse dentro de una familia y quizás, al final, tal vez la culpa no sea solo de ellos, sino de la pocilga humana en donde se desarrollaron. Quizás, dentro de una manada de seres producto de padres diferentes, donde la madre tenía el concepto, de que tener los hijos por docenas y de diferentes padrotes, era más placentero y más barato.

 Aquel que ponga esto en duda, que se fije en los orígenes de esos leones disfrazados de mansas ovejas, cuando lo designan en una posición dentro del tren estatal. Lo primero son las escoltas y los flanqueadores, los choferes y la seguridad para él y los suyos sin contar que a partir de ese momento, ya no levantan un teléfono, porque hasta para eso, designan un ayudante.

 Y, lo que digo es porque lo medito y en lo que pienso, es porque tengo alguna referencia, lo he vivido o conocido. Por lo cual, reitero, que cuando trato estos temas, desmentidos en los cuales nadie cree o por igual, con retaliaciones cobardes, excluyentes y abusivas, no me hacen temblar y mucho menos me hacen cambiar. Todo esto debido a que “si a mí me convence lo que estoy haciendo, lo que menos me importa es lo que los demás estén diciendo”.

 Y muy a propósito, nadie atenta contra la reputación de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, no señor, ya que la misma, producto del accionar corrupto y abusivo de un grupito muy selecto de “leales”, enquistados en el Palacio Nacional, la misma hace tiempo, parodiando a  Ricardo Arjona, la reputación de estas instituciones se limita “a  las  primeras seis letras de esa palabra”.

 Ahora salen a defender la honra y reputación de los organismos castrenses y policiales, ahora que alguien reclama, ahora, pero a sabiendas del debacle institucional al que han sido sometidas durante tanto tiempo y no  dijeron esta boca es mía y sin que les importara el desmadre con el cual la han azotado, cual si un gran tornado la hubiese atacado, ahora ¡pendejos! Los hechos están ahí, claro, para aquel que quiera ver, no para los indolentes que solo se recuerdan de las mismas cuando les conviene a sus intereses ¡descarados!¡Sí señor!

El Nacional

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