Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Señora, la respeto pero, aunque sea Reyna, para mí, es como el diablo

Porque… “La política es el arte de mentir a propósito”

Conversando con un grupo de conocidos y “amigos”, donde se hablaba, como si fuese algo obligado y que al parecer es así, de todo lo concerniente a la política y, repartiendo opiniones relacionadas con el período vergonzante que estamos viviendo relativo a la interminable campaña electoral, con temas vacuos y comentarios por igual, sin sustancia alguna, sin aportar algo provechoso que no fuese una triste sensación de que en verdad la esencia de las cosas se ha diluido dentro de la mazmorra políticamente amoral que nos arropa, tuve por obligación que emitir mi opinión.

 Imagínese usted lo aburrido que se torna el no poder ver canales de televisión nacional, aguantar la misma cantaleta por radio, de un conjunto de vividores de la mal llamada ciencia y que además no pueda siquiera compartir un momento sin que la señora esa esté presente imponiendo su parecer en todo y pretendiendo gobernar hasta el más mínimo pensamiento, es desagradablemente tormentoso y angustiante.

 Que si desde el aire se ve mejor la ciudad, que si somos o no somos ricos, como dicen algunos que hasta en el viejo Continente nos tienen envidia por nuestro progreso, único en el mundo. Que si suspendió el viaje de recreo –como tantos otros– que se toma el hombre cada mes y medio aproximadamente, fue porque estamos en las finales de la campaña y eso haría un daño tremendo a la misma mostrando parte de la indolencia de quienes nos mal gobiernan.

 Que los funcionarios justifican hasta los desmadres injustificables porque para todo tiene una motivación y un lenguaje engatusador que atrapa a una masa increíble que se deja manipular, no como animal que va al matadero, porque estos en ocasiones ponen resistencia, sino, más bien, con una docilidad que espanta, como si fuesen caña pal ingenio.

 Que el padre Rogelio tiene toda la razón, cuando en días pasados escribió refiriéndose al tema de la pobreza y al ser cuestionado sobre si creía verdaderamente en lo que predicaba. Pero, que todo lo que escribió le quedaba como anillo al dedo –claro, hecho a la medida–, a la mayoría de nuestros políticos funcionarios, sin tener que comparar con otros de ciertas latitudes, ya que esta práctica es la técnica desarrollada en los últimos tiempos para justificar nuestras desgracias.

 Que analizaran bien lo siguiente y vieran si no era aplicable a los políticos en toda su extensión; “o usted no cree en lo que predica, al hablar de las bienaventuranzas, o que es tan difícil cumplirlas que aún creyendo en ellas no las pone en práctica. Vendrán días en que el Evangelio será predicado por los pobres reales y no por nosotros, que borrachos de incienso no sabemos lo que decimos y proponemos cosas que no estamos dispuestos a cumplir. Predicado por los que siempre han obedecido y no por los que siempre han mandado”.

 Que esto, solamente significaba una verdadera revolución y yo, con extrema ingenuidad ose decir que más bien, me parecía un “sal pa´fuera”, ya que los desamparados y aquellos pobres de espíritu no tienen los colgantes para hacer una revolución.

 Fue en ese momento de flaqueza que me cuestionaron sobre mí parecer de los temas que se estaban tratando. Fui claro y especifico al responder que desde que conocí la Reyna en su interioridad, desde que me despertaba y volvía acostarme, veinticuatro horas al día, siete días a la semana y los doce meses del año, año tras año, siguiendo el accionar de sus principales amantes y queridos, de esa Señora, no me asombra nada, absolutamente nada.

 Esa señora permite y fomenta todo lo bueno y lo malo desde que el mundo es mundo. Ha gobernado y gobernará por siempre, solo cambiando el nombre de sus amantes y queridos, por esto y muy a pesar de todo, esta señora y sus concubinos o chulos conocen muy bien que de cuando en vez se producen alteraciones que ellos mismos, como íntimos amantes se procuran pero, que después de un tiempo, las cosas vuelven a ser dominadas enteramente por ellos y sus consortes.

 Expresé claro y contundentemente, que después de conocerla de manera muy íntima, esta señora para mí, era simplemente perversa, mala, inmoral, descarada, abusadora, falaz, traicionera, mentirosa, insaciable, insensible, impostora, ruin, ambiciosa, desacreditadora, sádica, morbosa, ruda, despreciable, rulenca, sacavueltas, grotesca, ridícula, sarnosa y que a cualquier ladrón o prostituta le confiere un status de príncipe o princesa, de acuerdo a sus intereses.

 Concluí expresando que era el concepto que tenía sobre esa señora sin apellido pero que todo el mundo, cual si fuese una ramera del peor y más barato cabaret, las llaman “La Política”. Y, que igual concepto tenía sobre la gran mayoría de sus concubinos, amantes o chulos y que le suelen llamar “los políticos”.

 Por eso no me gusta hablar de ella ni de ellos, mientras ¡no j…ombe!, que se desate la tormenta, hemos llegado al clímax del engaño, las indelicadezas y las inmoralidades, la poesía perdió por el momento, el ya está bueno debe y tiene que ser la consigna o de lo contrario… que entre el mar. ¡Sí señor!

El Nacional

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