Todo tiende a pretender borrar su pasado, perpetuarse en la maldad
Porque La rebeldía se alimenta de la miseria.
Nosotros, los que formamos la sociedad humana, y que nos consideramos seres racionales e inteligentes, con frecuencia que raya en lo inverosímil, nos olvidamos que solo somos simples eslabones de una larga cadena que teje la vida para enlazar los hechos del pasado y los del porvenir. Algo tan simple y sencillo como eso.
Pero la lista de personas que pretenden ignorar el lugar al que en verdad pertenecen, y del cual forman parte, ya sea por sus orígenes, color, raza o comportamiento, simplemente se puede hacer interminable.
Por eso, al decir del filosofo Teofrasto, discípulo de Aristóteles, y autor de la obra de los Caracteres, en donde describe más de treinta tipos diferentes, al comparar los yerros o errores que comete el hombre a diario, debido a su inestable carácter y según el sentido común el menos común de los sentidos, son más graves aquellos cometidos por concupiscencia que aquellos cometidos por cólera y no precisamente la enfermedad.
Explica el filósofo, que esto es así, porque mientras el primero se parece más bien al que ha sufrido con anterioridad una injusticia y se ha visto obligado por las circunstancias y quizás por el abuso cometido al encolerizarse, el segundo, se ha visto impulsado por sí mismo a cometer y permitir una injusticia, inducido a hacer lo que hizo o hace, por concupiscencia.
Este último, es el clásico comportamiento de los llamados hijos de vientre público, para ser consecuentes con las llamadas de la vida alegre que no es para nada alegre, ya que las categorías dentro de la sociedad no son las mismas, siendo las primeras encopetadas y respetadas damas de la sociedad, mientras las segundas son catalogadas como simples trabajadoras sexuales. Unas laboran en grandes mansiones y apartamentos, mientras las otras lo hacen en las calles, eso sí, bajo agua, sol y sereno. ¡Y es fácil!
Ibídem, si, de allí mismo proceden, aunque la vida los ha llevado a otro nivel y tratan por todos los medios de borrar sus raíces. Mientras tanto, todos respiramos el mismo aire, queramos o no, es la triste y vergonzosa verdad, queriendo en un suspiro mantener viva alguna esperanza, aunque no veo nada que nos engrandezca, no veo nada que nos produzca ese suspiro.
Todo se margina, todo se empequeñece, el mejor sentir se hace indiferente y nada nos hace esperar que suceda algo bueno. Es impepinable que este camino, esta situación, no nos conducirá a nada bueno y mejor nos preparamos para hacer una colecta, sin importar cuanto cueste, para que uno de nuestros bergantes políticos, haga una consulta con la Virgen, don Dios o Jesucristo y le suplique concederle la orientación que señale el camino que nos pueda sacar del atolladero en el cual estamos naufragando.
La cosa no va por buen camino. Cada día la situación es peor, mientras el sempiterno Ministro se desplaza a las mejores arenas deportivas para pavonearse y dizque reconocer profesionales del deporte y cuanto figureo se le presente. Claro, que estos desplazamientos no les cuestan un solo centavo y aún así, pretendemos continuar hablando de medidas para superar la crisis, cuando esta última solo la están padeciendo los silenciosos y pendejos que pertenecen a la muda clase media.
Mientras tanto, estos que se consideran poseer una bula por tiempo indefinido, no serían pocas las canchas públicas y de escuelas que se podrían acondicionar con el dinero que gasta este señor sonrisa en sus descarados, abusivos, tremendos y ridículos viajes. Porque eso y solo eso es lo menos que se puede decir de este señor, a menos, que con esto se pretenda decir que es poniendo en alto el nombre del país. Y eso es solo para poner un ejemplo.
Indiscutible es el decir, que por acciones como esta, es que el hombre se cansa del hombre, se hastía de la prepotencia y la intención de que permanezcamos inclinados, arrodillados, sumisos ante los hechos consumados, sin que perciban la rebelión de los esclavos y de la cercanía que puede estar la hecatombe, porque al decir de JFK, Los que hacen imposible una revolución pacifica, hacen que la violencia sea inevitable.
Y, mientras tanto, lo bulo continúa cual asolador tsunami y el estulto comportamiento campea por sus fueros. Que gocen, ofendan y prosperen porque todo en esta vida puede ser pagado ¡y debe ser pagado! ¡Sí señor!

