Testado hace año y como un premio de la obra irresponsable que apenas se iniciaba y ante las teorías y el juego sucio de premisas medias ciertas y medias falsa, para justificar la ineficiencia de un grupo de indelicados enquistados en el poder, dijimos en ese entonces que se sabe todo, los problemas y sus soluciones pero, no ejecutamos. Que conocíamos que en toda planificación deben influir las funciones operativas, estructurales y estratégicas pero, esto solo lo hacíamos en las aulas, porque a la hora de llevar a cabo lo planificado, todo se cae y las conveniencias políticas del momento, se imponían sobre todo lo demás.
Cuando no era el pesimismo por una alegada falta de medios, era por la falta de interés político para cambiar radicalmente lo que estaba mal. Verbigracia el sazonado y malogrado tema militar, los ascensos desproporcionados y el manejo en el uso del personal tanto militar como policial. Es como si se quisiera ahogar a las autoridades entrantes, por medio del estrangulamiento institucional de estos organismos de la seguridad del Estado.
Generales a granel para ejecutar funciones de capitanes; oficiales superiores en funciones de tenientes en un destacamento o puesto, ya sea militar o policial. Es como si se quisiese arrasar como nube de fuego piroclático con la poca institucionalidad que queda. Por eso ahora, los narcos, politicastros, vividores y triunfadores, todos por la misma línea, se han convertidos en figuras icónicas para la juventud.
El accionar irresponsable de espalderos, abre puertas, indelicados y demás yerbas es lo que ha producido este tsunami de prepotencia, ilegalidad y corrupción, es lo que ha contribuido a la desaparición de una vieja máxima que era lo cotidiano dentro de las fuerzas militares y policiales, que hoy es ya desconocida y que decía: no merece mandar y ser jefe a la vez, aquel que no se hace cada día digno de ello.
Utilizan como lábaro de campaña al referirse a las fuerzas armadas y policiales, argumentaciones falsas pero muy bien orquestadas a sabiendas como una verdad de Perogrullo, de que todo es un engaño, una falsedad, una vil y descarada mentira que atenta contra una de las cosas más preciadas con la cual debe contar la patria, y es su seguridad.
Ya el ethos militar o policial, no es el mismo que conocí. La falta de oportunidades para ejercer el mando, tanto en estas instituciones, ha contribuido a la presente degradación moral y la ausencia de espíritu de cuerpo que existe, todo lo cual se ha acrecentado en los últimos tiempos, producto del clientelismo dentro de las mismas, los favoritismos inmorales y la manera medalaganaria con la cual los factótum detrás del poder han manejado el asunto militar-policial, carentes de capacidad, de experiencia y ética para poder ejercer el poder ilegal que se ha delegado en ellos.
Ahora se pretende por medio del control de la percepción general, el lograr hacer pensar que hay mucho más de lo que existe o todo lo contrario de acuerdo al momento. Quizás sea esta la referencia a la que alude Maquiavelo cuando dice que un príncipe que no entiende nada de guerra, es decir militar, además de otras calamidades, no puede ser apreciado por sus soldados y éste tampoco fiarse de ellos. Y eso tiene que ser así, habiendo en uno desdén y en el otro sospecha.
Fuerzas armadas y policiales para desfiles, para el carnaval, para los circos de mal gusto, para los shows, esa parece ser la única preocupación. Después, que sigan hundiéndose en el fango hasta que ellas mismas convertidas en desechos institucionales, se destruyan. Ese parece el principal objetivo, porque las instituciones, cuando el poder logra corromperlas, haciendo de aquel que lo ejerce un ser carcomido por la metástasis de la ambición sin límites y sin reglas para complacer su podrido ego, convirtiéndolo día a día en un ser despreciable, ruin y cobarde que se escuda en el poder para producir daño, solo eso podemos esperar, la destrucción de las instituciones que protegen y aseguran lo mejor para la nación. ¡Sí, señor!

