Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Iba en esta semana a referirme al mamotreto que todos los años tenemos que chuparnos sobre los famosos operativos de Semana Santa pero, ante la Epifanía de la maldad, la misma amiga que hemos conocido con múltiples caretas y en todos los tiempos, he preferido dejar ese tema para luego. Claro está, si aún me dejan respirar, si aún estoy vivo, aunque el show de Semana Santa haya perdido vigencia.

 Aprendí cuando debí hacerlo y de quienes se tenía que aprender, que todo es “usado y efímero”. Es la misma repetición de hechos con nuevos protagonistas. Es, el vivir ahora como en otros tiempos, sin modelos a seguir, sin paradigmas visibles, sin verdaderos valores, donde tanto las traiciones, como las frustraciones, son solo cuestión de tiempo. Así estamos, así vivimos y temo, con gran pesar, que así moriremos.

 Aprendí cosas que en determinado momento y estado de ánimo, preferiría no haberlo hecho, y peor aún, proseguir recordándolo, ante tantas cosas que nos agobian, mientras la gran masa permanece inalterable ante los hechos, indolentes e insensibles con el mismo desgano que caracterizó a nuestros aborígenes ante el atropello y saqueo de los bandidos de ultramar que desgraciaron la existencia de esa población autóctona.

 Ante todo esto, recuerdo que “aplicando el arte de la guerra es posible que una fuerza menor derrote a una mayor, y viceversa. El secreto está en tener ojo para elegir la localización y en no dejar escapar el momento justo y que inclusive, en la guerra hay combates en que los más numerosos no pueden atacar a un reducido número de hombres”.

 Y muchos no quieren comprender. Los hechos son los mismos y la historia dolorosamente por igual. Tumban y detienen a Mubarak; tumban y detienen a Gbagbo; a Gadafi no lo han tumbado pero, lo tumbarán y detendrán, será más tarde, será más temprano pero, será y a Abdalá Saleh le tienen el agua caliente y por igual se irá. Mientras tanto, el mismo grupo indeseable y prepotente de “intelectuales”, que son analfabetos funcionales, pretenden desconocer la realidad y que cuando el abuso rebasa los límites que tradicionalmente son permitidos, la cosa explota y de mala manera. Para decirlo de otro modo, cuando se arma el “sal pa´fuera” muchas veces no da tiempo para recoger los bates.

 Por igual, cuando la “Santa bárbara”, el depósito donde se almacenan las armas y municiones en el barco, está muy caliente y se continua cocinando en su alrededor, sin duda alguna que explota, al igual que el viejo dicho “si hay un chispa cerca de un montón de sacos de arpillera, el diablo va a soplar seguro”.

 Porque, sin mucho miramiento, es absolutamente absurdo, deprimente, irritante, irreverente e inverosímil, el comportamiento inhumano, indoloro, impersonal, engañoso y engreído con el cual nos pretenden manipular para hacerse los buenos. A muchos los conducen irremediablemente a pasar hambre, para luego, como dioses bienhechores, como por arte de magia, sacar de la nada, como buenos magos, las humillantes y degradantes funditas, para acallar el pensar y el estómago, aún sea por un par de horas.

 Mientras tanto, en ese jueguito se van cientos de miles de millones; unos cuantos para el engaño y los demás ¿pal…? Y lo grande del caso, es que todo hay que aceptarlo como bueno y válido, porque en su comportamiento furibundo, son capaces de cualquier cosa, son  peores que las más perdidas y baratas furcias que pululan por nuestras calles, en las que a cualquiera lo “navajean”.

 Aunque vuelvo a decir que, sin tomar en consideración a quien se ofenda o deje de ofenderse, a quien le guste o no lo que digo, el gran problema es que me pongo en alerta y hasta me ofendo, cuando veo o me obligan a ver circos malos con actores peores, o dramas lagrimales para engatusar a los pendejos, o toda vez que en cualquier escenario político el resultado del voto es unánime.

 Este tipo de acción me recuerda las elecciones de tiempos de Trujillo, o las de ahora en ciertas y determinadas “nuevas democracias”, cuyos resultados me dejan boquiabierto, aunque no tanto como las “encuestas” de un ex- de Seguridad Pública, donde todo era basura y falsedad con mucho cosmético para jugar con el club de los alabarderos y sobre todo, para el club de los pendejos.

 En tanto, yo digo como el legendario Marco Aurelio: “Sea lo que sea que alguien diga o haga, yo debo ser bueno, como si el oro, la esmeralda o la púrpura siempre dijeran lo mismo: sea lo que sea que alguien diga o haga, debo ser esmeralda y mantener el color que es el mío propio”. ¡Sí señor!

Deseo que no se tome como presunción el que un hombre de tan bajo y hasta ínfimo status como yo ose describir y plantear las reglas sobre el arte de gobernar que debe tener un príncipe”.

Maquiavelo.

El Nacional

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