Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

No es que existan dudas sobre la situación que estamos viviendo y aquel que en verdad desee ver con claridad, lo que nos está pasando en estos tiempos borrascosos, aún sin estar dotado de mayor capacidad intelectual o de poder “conceptualizar”, solo tiene que repasar cada detalle que nos presentan como justificación y quedará sorprendido con la sencillez que descubre los misterios que, en apariencia, eran inasequibles.

 Amasado como harina que va al horno, abobado por los cuentos y falsas promesas, parecemos zombis incapaces de reaccionar, de gritar, protestar e inclusive de inmolarnos. Así vemos la situación, así se sienten todos los que hasta en un momento fugaz, somos capaces de pensar un poco.

 La existencia intelectual, la actividad moral y ética, en este país, se encuentra en un estado catatónico, de embotamiento, de inanición, aunque, en cuanto a lo material, está bastante controlada, al menos en la clase menos pudiente, en base a un vergonzoso y asqueroso populismo, derrochando los recursos del Estado a diestra y siniestra, como todo un feo y humillante concurso de “a la garata con puño”, aunque no sea acertado este enunciado.

 Es como si viviésemos en una monarquía, en un despotismo feudal, donde todo gira en base a lo que cree un todopoderoso y el anillo que lo rodea. Son ley, batuta y constitución, y el accionar va dirigido hacia lo que sueña o aspira el señor, sin pensar en lo más mínimo en las grandes masas y, mucho menos, en aquellos que no se dejan poner el narigón.

 Y todo esto acontece muy a sabiendas de que nada dura para siempre, aún viendo a diario lo que acontece en el mundo, en medio de situaciones similares y de que este tipo de acción ha sido siempre odiosa, repudiable, muy a pesar de que el hombre se acostumbra a todo, pero la historia nos grita, minuto a minuto, que nada dura para siempre e inclusive que “hasta la belleza cansa”.

 Puras quimeras el creerse eterno, porque aunque lo nieguen un millón de veces, vivimos en un país bizarro, según se deriva de la lengua inglesa, la palabra bizarre, que significa extraño, raro, algo así como el mundo bizarro, aquel de las tiras cómicas de Supermán, sin guardar relación alguna con el significado en español de la referida palabra, que se utiliza para definir algo que tiene porte, gallardía o es muy bien plantado.

 Nosotros somos todo lo contrario a lo que a diario se plantea. Lo que para un grupo significa belleza, para los “jodíos” significa duquesa, basura, hediondez. Lo que para algunos es comida, para otros solo es “olor” y por ahí podemos continuar deslizándonos por una cadena de incongruencias sin fin, inconductas e indelicadezas.

 Y muy a pesar de toda esta incertidumbre y de ser tradicionalmente un pueblo sumiso desde sus orígenes, hay que continuar  tratando  de establecer un sistema institucional fuerte, que perdure aún sea por encima de los políticos corruptos y prepotentes, y que esas instituciones preserven la libertad bajo muy buena cobija que la proteja de los abusos y ambiciones sin límites, que muchas veces intentan imponer desde el poder.

 La verdad monda y lironda, es que si aquellos que ofrendaron sus vidas por hacer de esta tierra un verdadero país, una nación dominicana, hoy pudiesen ver lo que es, simplemente dijeran que  nos dejamos vencer por las fuerzas que siempre nos han adversado y que no solo hemos fracasado sino, que le hemos hecho mal de ojo a todo aquello que podría habernos dado dignidad.

 La verdad es que este es un país bizarro, donde todo es contrario a lo que debe ser, aunque lo justifiquen un millón de veces, no han producido un fulgor, un destello de dignidad y decoro que nos enorgullezca como país. Mientras, a los que nos duele todo esto, solo podemos decirle a la nación, con la resignación del bardo, “qué pena y qué alegría, quererte como te quiero”. ¡Sí, señor!

El Nacional

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