Pobreza por doquier; pobreza moral, pobreza de querer poder, pobreza de todo
Porque Cuando el arca doméstica está vacía, la discordia llama a la puerta y entra.
Pobreza por donde quiera que miremos. Pobreza de espíritu y principios; pobreza de moral y riqueza de hambre corrupta; riqueza de añoranzas y pobreza de esperanza. Insatisfacción de vida y marcada pobreza de tranquilidad, eso y más es el compendio de nuestras vidas.
Un secreto a sotto voce es que todo tiende a modernizarse pero, al mismo tiempo, todo continúa siendo lo mismo. La esencia, ese conjunto de cosas que hacen de la cosa, lo que la cosa es, no cambia, y mediante la oratoria confusa tratamos de ocultar el problema, como el avestruz esconde la cabeza en la tierra, cuando percibe el peligro.
Los ejemplos son innumerables y hasta muchos llegan a ser graciosos. Ya los hombres no sufren de impotencia, sino, de disfunción eréctil; se acabaron los trajes de baños, porque ahora lo que existen son bañadores, ya sean mono o mini bikinis, enterizos o trikinis. Se acabo la locura, y producto de los tiempos, ahora lo que hay es una condición bipolar. Y de la política ni hablemos. Esto es, todo lo quieren resolver con la semántica.
Todo se banaliza. Y, en cuanto a la política, tiene que aterrarnos a todos, ya que son los políticos los que tienen y tendrán las riendas con las cuales se gobierna este paisaje. Ganar el juego es lo importante, y todo forma parte de ese juego perverso que se está desarrollando en medio de un mundo cada vez más y más miserable.
Si estos políticos trataran de imitar, aún sea en la forma a Jesucristo, indiscutiblemente el mejor caballero, gerente y comandante a la vez, que en sus inicios hablaba y hablaba, como campesino sembrando su semilla, y que después se dedico a escuchar y hablar con hechos, quizás, solo quizás, otro gallo cantaría. Pero que va, no se quiere entender hasta que es muy tarde, y llega la llamada caducidad del tiempo.
En lo que estamos contestes es que no hay intención, deseo, aspiración, anhelo, voluntad de actuar correctamente dentro de los parámetros éticos y morales, bajo los cuales se supone que se debe de enmarcar el desempeño de los llamados líderes. Todo es pobreza de espíritu y de principios. Lo que hacen es pretender hacerse los buenos, regalando lo que no les pertenece o derrochando descaradamente, el dinero que por igual es ajeno, en viajes, tertulias, charlas y conferencias que solo sirven para engrandecer el ego personal de quien lo hace. Por esas cosas, en ocasiones, inverosímiles, es que vivimos cabreados.
Nos tratan como párvulos, o peor aún, como estúpidos a los cuales se les puede mantener sumisos y callados mediante la generosidad de cualquier político filántropo, que nos entregue parte de lo que no es de él.
Por eso, está bonito, muy bonito y peculiar, el movimiento que se ha gestado en España, debido a la indignación a que los ha llevado la clase política, arropada por la corrupción, en adicción a la crisis económica que ahoga las mayorías, al cual le han dado por llamar con el sugestivo nombre de revolución de los indignados.
Y no es por nada, pero, es tanta la indignación que existe, debido a la apatía, prepotencia e ineficiencia en estos momentos, producto del accionar de determinados funcionarios políticos, que no digo yo, ya que somos tan dados a importar malas vainas, que quién sabe, y se importe algún proceder que en verdad nos libere de este terrible sopor moral y pobreza de todo, que en la actualidad nos tiene cogidos por el cogote.
Pero, creo yo, no sé usted, que lo más importante cuando se está en medio de un naufragio, es mantener viva la esperanza y como cuando se está eligiendo el Santo Padre, mirar y mirar el humo que salga de la chimenea y que nos dé la nueva buena, de que para alegría de todos, ¡Habemus Papam!¡Sí señor!

