Opinión

Estrategia

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Se compara a Leonel Fernández con Joaquín Balaguer por ser el referente más próximo. Se trata, no obstante, de una similitud que va más allá que estos dos personajes.

Son características constantes de los que alcanzan un magno nivel de dominio en un escenario de escasa institucionalidad: Todo gira en torno a su propio proyecto.

 El Partido de la Liberación Dominicana, PLD, ha sido cosificado. Convertido en un objeto al servicio de su jefe. Dejó de ser un instrumento colectivo para trastocarse en el sustento electoral de una estrategia individual y hegemónica de conquista y preservación del poder en beneficio de unas manos específicas.

 Es una tontería suponer que el presidente colocaría su liderazgo al servicio de una aspiración que implique una disminución de su influencia. Impensable en esta etapa de su carrera donde está hábil para transitar su camino y preserva una ascendencia política apreciable. Esa circunstancia abarca a cualquiera persona, aún esté unida a él por el vínculo que sea.

 La fruición de su incursión en las elecciones del próximo año no la estimula lograr la preponderancia de su partido. El objetivo es el incremento de su propio arraigo, como forma de consolidar su papel protagónico de cara a sus perspectivas de continuidad presidencial en el 2012 o el 2016.

 Hoy no ha descartado su candidatura para el 2012. De resultarle imposible, su conveniencia política girará alrededor de la derrota del PLD, la cual lo ratificaría como la figura fundamental de la organización y su principal carta de triunfo.

Ante esa realidad, intentará capitalizar esas elecciones para que salga derrotado uno de los aspirantes que pueda ser su competencia interna.

 En principio se pensaría en Danilo Medina y sería un juicio precipitado. Perdedor de unos comicios es una estigma que posee. El atractivo sería hacer que no obtenga la nominación, como forma de propinarle la estocada definitiva.

 De esa forma, los caminos apuntarían a Jaime David, quien no obstante su adhesión incondicional al presidente, conserva algo del perfil presidencial propio que le adicionaba brillo. Una derrota electoral significaría un tiro de gracia a una trayectoria que, por diversas y erráticas posiciones, ha ido perdiendo la trascendencia que se le asignaba. Se trataría de un golpe letal, pero oportuno para los planes futuros de Leonel Fernández.

El Nacional

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