En una ocasión, el dictador ilustrado Joaquín Balaguer dijo que la Justicia dominicana era un mercado donde se vendían sentencias. La entonces jueza de la Primera Cámara Penal del Distrito Nacional, doctora Miriam Germán, le envío una carta ripostando ese criterio. La magistrada, hoy jueza de la Cámara Penal de la Corte de Apelación del Distrito Nacional, salió en defensa de su honor y el de otros jueces. Su actitud fue muy aplaudida y debe ser considerada.
Para la época, la doctora Carmen Imbert Brugal, quien era jueza de Instrucción, también actuaba con probidad. Fue ayudante del fiscal del Distrito Nacional, cosechando reconocimiento. Es una buena candidata.
Concomitantemente, el doctor Ramón Horacio González Pérez, brillaba como Juez de la Octava Sala de la Cámara Penal, mientras el doctor Edgar Hernández, realizaba un encomiable trabajo como Juez de la Corte Penal del Distrito Nacional. Hernández había sido Juez de Instrucción en San Pedro de Macorís. Es uno de los jueces de la Suprema Corte de Justicia, y será evaluado. Ambos merecen adecuada ponderación.
El doctor Rafael Ciprián, sugerido como candidato a juez de la Suprema, es un magistrado con méritos acumulados en el Tribunal Superior de Tierra. El doctor Julio Aníbal Suárez, dedicado al derecho laboral, especialmente a la defensa de los sindicatos, es otro magistrado de la Suprema que será sometido a evaluación. Su trayectoria no está sometida a cuestionamiento y ningún lunar empaña su conducta. Merece repetir.
Sería mezquino no reconocer el trabajo de los jueces de la Suprema, encabezados por Jorge Subero Isa, quien será evaluado. Desde1997, cuando se instalaron los actuales magistrados, la faz del Poder Judicial cambió sustancialmente.
Es una lástima que, como se comenta tras bastidores, el interés partidista servirá de lupa para escoger a los jueces de los tribunales superiores.
