Editorial

Excrecencias

Excrecencias

 La  confrontación que se dice mantienen  el Ministerio Público y Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) por el control de la investigación criminal sería como una estocada mortal a los frágiles esfuerzos que se realizan para frenar al narcotráfico.

Se ha dicho que  fiscales y policías halan la cuerda en dirección contraria y que cada actor  considera que su contraparte funge de enemigo o traidor.

Ese velado enfrentamiento parece llegar a su clímax con la presentación de un  vídeo  que captaría el momento cuando un fiscal  adscrito a la DNCD se guarda un puñado de euros, durante un allanamiento en la agencia de cambio Solano.

El magistrado Manuel Rodolfo Castillo  reclamó que  la procuraduría general investigue la autenticidad de ese vídeo y  acusó a “intereses  enquistados en organismos de seguridad del Estado” de robar bienes incautados a los criminales.

Lo que conoce la opinión pública es  apenas el destello de un espectáculo desalentador y vergonzoso, como agua sucia que  anega toda posibilidad de  combatir con éxito al flagelo de las drogas y crímenes conexos.

El fiscal Alejandro Moscoso Segarra   dijo que el controversial   vídeo  será examinado “fuera del país”, lo que  sumado a la denuncia del fiscal adjunto,   Acosta Castillo,  de que agentes  sustraen bienes y hacen negocios con organizaciones criminales, pone los pelos de punta al más insensible de los mortales.

Aunque se afirma que la DNCD acusa a un fiscal de apropiarse de un puñado de euros durante un allanamiento, la Fiscalía  habría denunciado un faltante de 61 mil dólares en la incautación de dinero durante una requisa en una residencia de Arroyo Hondo.

Más penoso  aún es  saber que  el pleito entre Ministerio Público y autoridades antidrogas se sustenta en mutuas acusaciones de robo de dinero incautado o de  concertar negocio con organizaciones criminales. Ojalá que  alguna autoridad sensata detenga este mutuo embadurnamiento de excrecencia que avergüenza.

El Nacional

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