El Gobierno ha declarado este 2011 que comienza, que el presidente Leonel Fernández ha vaticinado que será de prosperidad, como Año de la transparencia y el fortalecimiento institucional. Se trata de un gran deseo que, sin embargo, está condicionado a múltiples factores, externos e internos, que pondrán a prueba la capacidad y la vocación de las autoridades para adecentar el ejercicio público.
No basta con una proclama, sino que son necesarios pasos concretos para al menos despejar las dudas en torno a una declaración que implica enfrentar la corrupción y la impunidad, así como racionalizar el gasto público, incluyendo el clientelismo y el patrimonialismo, con todas las consecuencias para un Gobierno que no es dado a cargar con costos políticos.
Las expectativas sobre este año no dejan de ser difusas. El alza que observan los precios del petróleo, que en 2010 cerraron alrededor de 90 dólares el barril; la lenta recuperación de la economía estadounidense, principal socio comercial, y la crisis que sacude a España crean muchas interrogantes, por más promisoria que pueda ser la industria turística.
El deseo que ha expresado la población sintetiza uno de los principales desafíos. Los jóvenes esperan más seguridad y oportunidades. Y es que la violencia y el desempleo se han erigido entre los factores de más perturbación social, a pesar de las estadísticas con que las autoridades han tratado de poner sordina a los acuciantes desafíos. Como reflejo de la inseguridad, la debilidad institucional y la descomposición social la niñez se ha identificado con el movimiento que reclama más y mejor educación para garantizar el futuro de la nación.
Si en verdad el Gobierno aspira transparentar el ejercicio del poder y fortalecer las instituciones tendrá que demostrarlo desde ahora, no con anuncios y proyectos, sino con acciones concretas, comenzado por cumplir y hacer cumplir las leyes, además de eficientizar y transparentar al máximo el gasto público. Tratándose de un año preelectoral el desafío cobra mayor fuerza.
Prosperidad, transparencia y fortalecimiento institucional constituyen una necesidad sentida de la población, para lo que no basta con una proclama. La respuesta implica un sacrificio, que ni cae del cielo como un maná ni se da por arte de magia. Es lo que ha de tener presente el Gobierno para evitar falsas expectativas. Sin im portar el escepticismo que cunda en la sociedad.

