Haití vuelve a trillar el sendero de la inestabilidad política tras el sorpresivo vacío de poder que se ha creado por la destitución en la madrugada de ayer de la primera ministra Michele Pierre-Louis. Con las expectativas a favor de la recuperación y la inversión generadas por las iniciativas del ex presidente estadounidense Bill Clinton, no parece el más oportuno el momento escogido para una decisión tan controversial.
Llenar vacíos son decisiones que suelen tomar tiempo. De hecho, la designación de la economista y feminista supuso un periplo de seis meses tras la destitución como primer ministro de Jacques Edouard Alexis.
Pese a los temores de una crisis que retrotraiga a la vecina República a los tiempos de la inestabilidad política, el problema no deja de ser complejo. La abrumadora votación 18-9 y una abstención indica que la primera ministra, quien permaneció 13 meses en el cargo, no las tenía todas consigo.
En principio se le interpeló para conocer en detalle el destino de 197 millones de dólares desbloqueados para atender las víctimas y reparar daños de las inundaciones de 2008. Sin embargo, al final se le censuró por su catastrófica gestión para reducir la pobreza y fomentar el empleo.
Pero todavía las informaciones no estuvieran a la orden del día, el Senado parece que se precipitó, pues pudo esperar el resultado de iniciativas que se han adoptado para fomentar el desarrollo, crear fuentes de trabajo y mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías.
Sin embargo, es obvio que se trata de un asunto interno, que en circunstancias como las actuales y dada la tradicional inestabilidad política de Haití, genera lógicas preocupaciones. En República Dominicana, principal receptáculo de la crisis haitiana, ni se diga. Hasta la Misión de Estabilización de la ONU (Minustah) teme que la decisión pueda marcar un retroceso.
Pero ya no queda más que tratar de revertir, a través de la cooperación de todos con el presidente René García Preval, el desatino que representa la destitución de la primera ministra en un momento crítico para la estabilidad política, económica y social de su país.
