La rapidez con la que el mundo ha extendido su mano de ayuda humanitaria al pueblo haitiano, se traduce en un sentimiento de culpa colectiva mundial o «Mea Culpa», por el abandono con que se dejó a este empobrecido pueblo durante tantos años, pues Haití nunca fue prioridad ni para los principales países de la comunidad internacional, ni para la ONU, ni para los países de América Latina, incluyendo nuestro país.
Actuar ahora
La República Dominicana y toda su población está dando una increíble respuesta de apoyo a Haití, es nuestra obligación, somos el país de acogida humanitaria y esa es la respuesta que tenemos que seguir dando, como tal, la coordinación para una efectiva asistencia es esencial, el diseño de una política coherente sobre el manejo de la asistencia humanitaria es fundamental, el funcionamiento de CONARE, en Relaciones Exteriores es urgente para el registro de todas las personas que han llegado y están llegando de Haití a fin de facilitar la continuidad de la asistencia pero también para organizar su retorno cuando existan las condiciones para ellos. Es de esperar que el ejecutivo de este país continúe repartiendo instrucciones para que la coordinación interinstitucional no se pierda dentro de la burocracia estatal.
Dejemos el liderazgo en el manejo de esta crisis humanitaria a la ONU, pero sin perder de vista nuestras obligaciones. En todo caso nos queda el recurso como país miembro de Organización de las Naciones Unidas tenemos el derecho a voz y a voto tanto para aplaudir lo que se hace bien, y para criticar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas lo que se hace mal o se deja de hacer respecto a la emergencia en Haití y su futura reconstrucción.
Por ahora lo más importante es proveer asistencia a los sobrevivientes, establecer orden y seguridad, así como continuar estableciendo un plan conjunto, liderado por la ONU, de la ayuda humanitaria que esta llegando y siendo distribuida por gobiernos y organizaciones no-gubernamentales al país.
El impacto de la ayuda que se le está brindando al pueblo Haitiano no se puede medir en días, semanas o meses, pero posiblemente en años cuando se podrán ver más claros los resultados de la reconstrucción del país.
Lo previo
La protección de los refugiados en la República Dominicana y en la práctica de los refugiados haitianos y solicitantes de asilo que llegaron a este país a consecuencias de la persecución del régimen duvalierista se fortaleció con la Ley sobre Refugiados, en la que se incluyó la creación y funcionamiento de la Comisión Nacional para Refugiado (CONARE). Fui responsable de la redacción de este anteproyecto de ley y de propiciar el funcionamiento de dicha comisión, que preside la Secretaria de Relaciones Exteriores.
Organicé las primeras repatriaciones voluntarias (en condiciones de dignidad y seguridad), de los refugiados haitianos que optaron por regresar a su país tras la caída del régimen duvalierista.
En esa ocasión, acompañé a los refugiados hasta sus lugares de origen en Haití, la humildad y la valentía de ese pueblo en su convivencia con las necesidades extremas. Hoy después de tantos años vuelvo a reencontrarme con lo mismo. Es como si hubiese sido el martes 18 de enero del 2010.
El más alto puesto en ONU
Flor Rojas sirvió por más de 25 años para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Fue designada en la República de Honduras, Zambia, México, Grecia y en Argentina. Hasta la fecha, ha sido la dominicana de mayor nivel internacional dominicana en el Sistema de Naciones Unidas.
Inició como asesora legal en el país durante la década de 1980, para atender los refugiados haitianos.

