Opinión

Extremos

Extremos

Al llegar a su hogar, buscó en la mirada solidaria de sus hijos y en el abrazo cálido del esposo, la comprensión negada afuera. El refugio invulnerable que es toda buena familia, es antídoto infalible ante los embates del exterior. Nada le atormenta más de lo normal, por contar con la guarnición robustecida de ese entorno inmediato que no falla, si es auténtico.

El oficio de impartir justicia la coloca ante la inevitable dicotomía de generar satisfacciones en unos y disgustos en otros. Eso lo ha internalizado como parte de su trabajo y es un precio que, por inevitable, paga sin estridencias. El asunto se complica cuando los argumentos de los desfavorecidos se sustentan en un supuesto abandono de su parte de los valores éticos que les son tan apreciados. Eso le lacera el alma.

Todo se magnifica por la problemática estructural del sistema judicial dominicano, reflejo lógico del desorden institucional que nos caracteriza como nación. Ese flagelo produce una multiplicidad de situaciones injustas que a ninguna persona con un mínimo de sensibilidad le resulta indiferente, por ser las pruebas de que el látigo judicial no se aplica siempre a partir de idénticos raseros.

De esa forma, nos encontramos con años de prisión para el infractor menor e impunidad absoluta para el ladrón mayor; enfermos terminales muriendo tras las rejas y dolencias inventadas sirviendo de ardid para evadir la celda; prisiones preventivas interminables e indultos complacientes que impiden ejecutar un solo día de la sentencia.

Esa circunstancia es un distorsionante del aparato judicial en todos los sentidos. Para bien y para mal. Es capaz de influir en la objetividad de un juez responsable y conducirlo a proceder con rigurosidad despiadada con el privilegiado e indulgencia extrema con el desvalido social.

Esos no pueden ser parámetros decisivos en la impartición de justicia. Que la realidad fáctica del país propicie ese estado de absurdos judiciales, no puede conducir a un juez íntegro a olvidar que sólo los hechos, la constitución y las leyes, deben ser sus referentes al momento de decidir. Aplicarlos al margen del procesado.

Así actuó la magistrada en la sentencia que dictó esa mañana, por la cual, quieren sacrificarla los que poco han hecho por sanear las podridas raíces del árbol de una sociedad en descomposición. De ahí la urgencia de arribar a su trinchera de amor y nutrirse del espaldarazo de quienes, por conocerla, apuestan a su dignidad.

El Nacional

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