Pecaría de redundante si me dedico a hablar de las tribulaciones por las que pasa nuestro sistema de salud, que ya muy poco debe importar a la población puesto que ya todos damos por sentado que en RD la vida es un relajo, pero me resulta imposible ignorar algunas de las cosas que he tenido que ver en mi país durante los últimos días.
Curiosamente, de la fábula de esta semana falta el habitual personaje principal, que suelen ser el Poder Ejecutivo y la Secretaría de Estado de Salud. La labor realizada por ésta en medio de la crisis de la gripe porcina que está afectando al mundo, lanza un poco de esperanzas. El protagonista de esta semana es sin dudas el Congreso Nacional.
Cometer toda una serie de torpezas en lo que al tema de Salud se refiere, parece ser la meta de este año para nuestros congresistas, que irresponsablemente se dieron a la tarea de constitucionalizar una definición sobre el comienzo y el fin de la vida, algo que todavía hoy ni científicos ni filósofos han podido definir con exactitud. Pero no nos debemos preocupar, los Aristóteles e Hipócrates (o será Hipócritas?) de nuestro Congreso llegaron a la conclusión definitiva, luego de miles de años de debate. Ellos tienen la respuesta definitiva, y hoy es Constitución.
Claro, ignoremos los hechos, que afectan al Estado más allá de moralismos. Los más de 100,000 abortos clandestinos que ninguna Constitución va a impedir; adicionalmente las cargas sociales y económicas a la población y a la Seguridad Social que por un lado representan las madres que deben ser tratadas de emergencia por un legrado mal realizado en una clínica de mala muerte, y peor, las cargas que representan al Estado los embarazos no deseados y la mala planificación familiar. Pero supongo que eso no es problema, siempre y cuando la Iglesia, que no paga ni un chele en impuestos ni un miserable peso al Sistema de Seguro Familiar de Salud, esté satisfecha.
Como si lo anterior fuera poco, a raíz de la crisis de la fiebre porcina, de nuestro Congreso nace la brillante sugerencia de prohibir los vuelos provenientes de los países afectados. El genio autor de este disparate no midió las consecuencias de prohibir los vuelos desde Estados Unidos, Canadá, Alemania, Reino Unido y España, espero yo que haya sido pecando de ingenuo. Para seguir con su espíritu constituyente, quizás deberían considerar prohibir constitucionalmente el turismo, a ver si conservan la coherencia con sus disparates.
Pero la fábula no termina allí.
En medio de las noticias de la gripe porcina, mientras en el mundo todas las autoridades de salud están en alerta máxima, en este país los médicos deciden tomarse 4 días de vacaciones y declarar huelga. No es la forma más brillante de lograr el apoyo de la población para causas desacreditadas por las ridiculeces del Colegio Médico Dominicano, pero el sentido común salió huyendo del juicio de los doctores dominicanos.
La moraleja de esta fábula es que no todo el problema es la falta de dinero. Muchas veces el problema es la simple ineptitud.

