La crasa violación o inobservancia de la ley que caracteriza a la sociedad dominicana puede tener sus raíces en la carencia de voluntad o incompetencia de las autoridades para cumplir y hacer cumplir el ordenamiento jurídico, el orden público y fungir como garante de los derechos ciudadanos.
De otra manera no se explica que cada quien atropelle la ley sin que, en la mayoría de los casos, encuentre de frente funcionarios o jurisdicción con calidad y responsabilidad para prevenir, perseguir y castigar la comisión de crímenes y delitos o de actos que inciten a la degradación social.
Como muestra de ese creciente desorden, se menciona la forma cómo intérpretes de reguetón, hip hop, merengue de calle y bachata promueven letras que incitan al consumo de drogas, pandillerismo, violencia contra la mujer, sexo libre y otras conductas degradantes, sin que ninguna autoridad se digne en intervenir.
Esas expresiones artísticas y culturales de origen autóctono o proveniente de barrios estadounidenses o comunidades latinas, son usadas para difundir entre jóvenes y niños vulgaridades y formas de comportamiento incompatibles con principios básicos que sustentan a la familia y a la sociedad.
Ante este deprimente cuadro, la mentada Comisión Nacional de Espectáculos Públicos (CNEPR), no se digna siquiera en advertirles a esos sicarios de la inconducta que este país no es ni puede ser un burdel ni un centro de promoción de prostitución y drogas.
En las narices de las autoridades operan miles de bares y bancas de apuestas de dudosa legalidad y procedencia de dinero, cuyos propietarios someten a centenares de mujeres y hombres a formas bárbaras de explotación laboral, sin que la Secretaría de Trabajo se digne en impedir ese latrocinio.
Los ejemplos anteriores constituyen apenas una muestra del desorden y el estado de injusticia que se incuba en nido de irresponsabilidad, incompetencia, indiferencia y complicidad oficial ante dilatado estadio de violación a la ley o grave peligro de degradación social.
La libre difusión de producciones discográficas que explícitamente incitan al consumo de drogas, violencia y sexo libre, y la forma de esclavitud laboral que se aplica en bares y bancas de apuestas, son apenas muestras de una clara falta de autoridad que la mayoría de las veces se traduce en burda complicidad con el crimen y la degradación social.

