El país ha sido sacudido en los últimos días con fuertes denuncias de graves actos de corrupción administrativas en importantes repartimientos burocráticos. Reportes periodísticos han dado cuenta de turbios manejos y malas prácticas en el uso de los fondos del erario nacional.
Cuando el presidente Leonel Fernández prestó juramento el 16 de agosto del 2004 se comprometió solemnemente ante la sociedad y la historia que, haría cumplir la Constitución y las leyes del país.
Se refería, obviamente, a todas las leyes vigentes, especialmente, aquellas que fueron temas de la campaña y que motivaron pronunciamientos del candidato que se juramentaba en el más alto cargo del estado.
Gobernar bien, es propiciar el ambiente para que se alcance el bien común de los gobernados. No como una expresión retórica, sin sentido real; sino como un objetivo práctico y constante que se traduce en acciones concretas y sostenidas.
Decía un analista político en su comentarios de estas semana, que el presidente Leonel Fernández tiene un gran reto de cara hacia su futuro como figura política, dejar la impronta de que su gobierno lo hizo bien y no se contamino con la imagen generalizada de corrupción que parece cubrir a varios departamentos de la administración pública.
La credibilidad del sistema político nacional esta siendo cuestionada en estos momentos.
Se vive un período de honda preocupación en la ciudadanía a causa de este desborde de acusaciones y sometimientos judiciales que revelan la situación de debilidad de los sistemas de control respecto del uso de los recursos públicos, y la graves faltas éticas en las actuaciones personales de muchos funcionarios.
El país quiere saber ¿quién es el responsable de este estado de cosas?
