Los 56 muertos, 348 heridos y 600 casos de emergencia durante Semana Santa constituyen cifras aterradoras que reflejan el comportamiento incivil de un amplio núcleo de la población que ha convertido a República Dominicana en territorio donde impera la ley de la selva.
Las instituciones que conformaron el Comité Nacional de Emergencia (COE) cumplieron cabalmente con su misión de intentar prever accidentes, pero resulta imposible disminuir el número de fatalidades cuando una masa poblacional convierte carreteras, playas, ríos y montañas en extensiones de Sodoma y Gomorra.
A pesar de los operativos de prevención y emergencia en los que intervinieron más de 50 mil personas, incluidos miles de voluntarios, fueron más que frecuentes los casos de violaciones a la ley de tránsito, ingesta excesiva de alcohol, uso de playas y ríos prohibidos y pleitos entre borrachos.
Los mensajes y orientaciones profusamente difundidos por el COE no surtieron el efecto deseado, básicamente porque no encontraron eco en una población que ya se acostumbra al desafuero, por lo que el incremento de muertos y heridos es falta imputable a la insensatez de conductores y vacacionistas.
La sociedad toda está en deber de reconocer a la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET), Defensa Civil, Cruz Roja y otras instituciones que pusieron todo su empeño en evitar la ocurrencia de sucesos fatales en Semana Santa, pero cuando no se puede, no se puede.
No sólo pesar
Profundo pesar ha causado la muerte de dos distribuidores de El Nacional y Hoy que el Jueves Santo fueron embestidos por una camioneta en las proximidades de El Torito, Villa Mella. Blas Antonio y Félix Antonio Hernández se desplazaban en una motocicleta cuando ocurrió la tragedia.
No se tienen muchos detalles, pero las versiones que han circulado son suficientes para que la Policía profundice las investigaciones. Por ejemplo ¿por qué antes que auxiliar a las víctimas los ocupantes salieron huyendo del lugar del accidente?
Los hermanos Hernández, con más de 20 años trabajando en la distribución de periódicos, cumplían habituales labores de cobros a los repartidores cuando la moto en que circulaban fue embestida por la camioneta, de esas que denominan platanera.
La muerte de esos hermanos ha sido de por sí un golpe duro para sus familiares, compañeros de trabajo y para esta empresa. Pero más doloroso sería si por alguna razón el suceso queda impune.

